Crisis nueva, raíces antiguas

Por  23:57 h.

La crisis institucional que vive el Real Betis no por nueva tiene raíces distintas a las otras surgidas en los últimos meses. Cambian las caras de los actores y los detonantes de las polémicas, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo siempre: la incapacidad de Manuel Ruiz de Lopera para trabajar en grupo, para sentirse parte del club y no el todo.

El máximo accionista verdiblanco no proviene del mundo de la empresa sino del de las finanzas. Ni por formación ni por profesión sabe nada sobre cómo dirigir un grupo profesional, de cómo crear cuadros y delegar funciones en ellos, de cómo incentivar de otra manera que no sea con cheques regalos a los empleados. Él siempre decidió en solitario. En sus negocios y en el fútbol compró y vendió cuando quiso, justificó siempre la equivocación con el derecho a hacerlo por ser el que arriesgaba el dinero y se rodeó de un grupo pretoriano muy dado al halago, la lisonja y las palmaditas en las espaldas que le permitieron hacer y deshacer a su antojo.

Es ahí, en ese entorno en el que en vez de legítimas complicidades uno cree ver enfermizas dependencias, donde ha estado siempre el gran problema. Porque Manuel Ruiz de Lopera hubiese necesitado a su lado no palmeros que le rieran las gracias ni aduladores de tres al cuarto, sino gente seria que le abriera los ojos acerca de cómo se lleva hoy día una empresa y que de sentirse ninguneada o con funciones ficticias hubieran dimitido de inmediato. Gente como el doctor Víctor López García-Aranda, uno de los curriculums más brillantes que ha tenido asiento en la sala de juntas del Real Betis en sus cien años de historia, que no tardó un segundo en marcharse en cuanto vio hacia donde se dirigía el club con José León de mascarón de proa.

Ahora se va Óscar Arredondo. Sus motivos son distintos. Él se va por no tener que decir guau.

Redacción

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