Del balanceo del verano al partido del otoño

Por  12:32 h.

El Betis de Cúper contra el que pudo ser y no fue, y no sabemos si lo será algún día, de Marcelino. He leido por ahí que la cosa tiene “morbo” Yo no se lo encuentro. Ninguno tiene que demostrarse nada, porque la cosa estuvo siempre meridianamente clara. Ruiz de Lopera por un lado, poco amigo de que le señalen los caminos, y Marcelino, por otro, enemigo de comulgar con ruedas de molino. Cierto que entre ambos extremos había un término medio, el que supo escoger ese viejo zorro de Héctor Cúper, que no puso trabas de principio, para ir presentándolas poco a poco y lograr más o menos lo que Marcelino exigía de inmediato, por escrito y con membrete de la empresa propietaria, que no se sabe muy bien cuál es.

Lo que sí va a ser interesante es comparar sobre el césped del estadio heliopolitano las dos concepciones futbolísticas en las que se balanceó durante el verano el club verdiblanco. Balanceo tan exagerado, dicho sea de paso, como esas naos de feria que se ponen en posición de firmes a derechas e izquierdas. Lopera fue primero por alguien a quien le gusta que sus equipos tengan buen manejo del balón, aunque sin sacrificar la eficacia por la estética; y cuando Marcelino dijo que no, el mandatario bético, como si estuviese harto de poesía, se echó de bruces en los brazos de Cúper, prosista reconocido a quien le gusta escribir en renglones bien rectos y que subordina casi todo a la disciplina, la entrega y el consiguiente, y bravo, machaqueo del rival.

Las cosas han comenzado mejor para el gijonés que para el santafesino, casi el doble mejor según rezan los puntos, pero siendo tan pocas las jornadas aún disputadas sería poco realista realizar balances. Eso sí, en Santander andan encantados con el trabajo de quien fue aspirante al banquillo heliopolitano y aquí se respeta, pero se anda aún a la expectativa, al que es su dueño. En cualquier caso, bonito duelo que podría enmarcarse en el desenmarcado Encuentro Mundial Verdiblanco, porque hay veces que los colores unen más que las personas. Y más verde que el Betis, sólo Cantabria.

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Redacción

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