El señor de las escuadras

Por  23:16 h.


Marcos Assunçao nos va a decir hoy un “hasta luego” que llevará en sus entrañas un jirón del mejor Betis de los últimos años. Lo va a hacer con la misma tranquilidad con que protocoliza sus lanzamientos de falta, desde que toma el balón con sus manos hasta que lo coloca (¡ay, cuántos meses sin saborear tamaño placer!) en las redes contrarias: sopesará la palabra, buscará en su redondez el dibujo que más le inspire y la colocará en el verde en el que firmó los mejores años de su vida profesional. Después, con ese toque tan peculiar suyo, la pondrá en la escuadra, inalcanzable para aquellos que podrían sentirse decepcionados por la marcha sin ruido del brasileño, que buscará en otras latitudes un fútbol que se ajuste más al ritmo de juego que le exige ya su físico.

Fabio Capello lo tenía haciendo footing en el Roma allá a finales de los noventa cuando el Betis se fijó en él. Camino de los seis años iba la unión. Desde que arribó a la Palmera se metió a la gente en el bolsillo, mitad porque aquí gusta todo lo que suene a samba, mitad porque tenía un mortero por diestra, que alcanzaba la retaguardia de las líneas enemigas sin necesidad de fasomar la cabeza por la primera línea del frente. Pocos le pegan como él al balón. Describiendo la órbita, sí, del obús de mortero, hasta hacer un cráter tras la línea de gol, la trinchera de los porteros.

Inolvidable será para todos la temporada que firmó entre 2004 y 2005, cuando su fútbol catapultó a la estrellas al Betis de Serra y sus goles, nueve, lo convirtieron, en el lanzador de faltas más certero del fútbol mundial. Una especie a extinguir la de este Assunçao al que el Betis deja entreabierta la puerta por si quiere volver cuando deje de amargarle la vida a los guardametas. No sobra el sentido común por Heliópolis; hace y hará falta gente como él.

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Redacción

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