Empates con dos sabores

Por  23:37 h.

Difícil es escarbar en la historia reciente del Betis en busca de algún hito y no encontrarse con el nombre de Lorenzo Serra Ferrer, convertido en una especie de piedra roseta sin la cual no es posible entender lo que acontece en la actualidad. Andaban los sabuesos de las estadísticas echándole números a la trayectoria bética en este ejercicio cuando advirtieron que hay un récord en peligro: el del mayor número de empates en una temporada. Doce lleva el equipo de Luis Fernández y quedan nueve jornadas. Dieciséis contabilizó el equipo en la campaña 94-95, con Serra en el banquillo.

Claro que los empates que hoy se cobran como si fueran simples reintegros y que sirven sólo para ir tirando, entonces dieron lustre a una extraordinaria campaña que acabó con el equipo tercero en la Liga cuando unos meses antes se abanicaba por tercer año consecutivo en el infierno de la Segunda. Tuvieron sí, el mismo valor, un punto, pero mientras los de Serra el ateniense servían de cimientos a las quince victorias que se consiguieron -con los empates hacían numéricamente veinte y un punto extra-, los que acumularon Irureta y Fernández sólo sirven para apuntalar malamente los raquíticos siete triunfos logrados.

La moraleja es que empatar no es malo, lo malo es perder mucho y ganar poco, algo que hasta la llegada del técnico tarifeño era una constante por Heliópolis. Es cierto que empatando todo cuesta el triple, pero con las limitaciones actuales del plantel habrá que convenir que lo único que este puede derrochar es esfuerzo y sacrificio, por lo que toca asumir las fatiguitas como un mal menor. Ya llegaran tiempos mejores, esos en los que se gana mucho, se empata poco y se pierde menos. Y nos volveremos a encontrar con Serra Ferrer…

Redacción

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