Fabián posa junto a Serra Ferrer y Ángel Haro en la sala de prensa del Benito Villamarín (Foto: J. J. Úbeda)
Fabián posa junto a Serra Ferrer y Ángel Haro en la sala de prensa del Benito Villamarín (Foto: J. J. Úbeda)

Fabián o cómo actuar con lealtad sin ser tonto

El compromiso del palaciego era absoluto y sus órdenes, sin ambigüedades: las mejores condiciones, pero con las trece barras latiéndoles en el pecho
Por  9:30 h.

Un veterano profesor de lingüística de mis años de bachiller en San Francisco de Paula, don Manuel Menéndez, al que rindo aquí homenaje malamadrero, solía confesar a quienes le quisieran escuchar que en sus paseos por el Parque de María Luisa se emocionaba cuando veía a alguna persona joven enfrascada en la lectura de un libro. Con esa misma emoción supe de la renovación de Fabián Ruiz Peña, desde el 3 de abril de 1996 vecino de Los Palacios y Villafranca, hoy jugador del Real Betis hasta junio de 2023. Es lo que tiene mi amor por el fútbol, similar al que mi profe y yo sentíamos por la Literatura: basta que alguien tenga un gesto romántico con él, alejado del mandamiento crematístico que impera en su mundo, para que me gane por completo.

El Betis ha firmado a un bético. Posiblemente no en las condiciones que le hubiera gustado (habría renovado a un tonto), pero de seguro que mucho mejores de las conseguidas por el jugador, quien por mor de esa esclavitud a la que someten a los clubes las cláusulas de rescisión tenía en sus manos la posibilidad de resolver la vida de los suyos hasta la generación del Apocalipsis. Eligió asegurar sólo la de los nietos y a cambio corresponder a quien había ayudado a su gente. Un mirlo verde el palaciego.

Malos serían sus representantes si no hubieran aconsejado a Fabián aceptar cualquiera de las muy jugosas ofertas que ha recibido en enero para volar del nido verdiblanco. Su cláusula de rescisión, 15 millones de euros por un tipo de su edad y clase, era calderilla. Pero el compromiso del centrocampista con el Betis es absoluto y sus órdenes, sin ambigüedades: conseguir las mejores condiciones posibles, con las trece barras latiéndoles siempre en el pecho.

Fabián va a continuar viviendo en casa, pero con la posibilidad de emanciparse en el futuro dejando en el hogar un dineral. Un acuerdo justo que lo ennoblece a él, le permite solucionar la vida de su madre y hermanos, permite al club reconciliarse con la cantera y, de paso, demostrarle a esta que otra relación con ella, diferente a la mantenida con los Adrián, Cañas, Pozuelo, Ceballos, etc., es posible.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla