José Mari

Por  0:22 h.

En Nervión le gritan por traidor y en Heliópolis por haberse formado en el otro barrio. Vaya, que le pilla el toro del insulto se ponga a portagayola o en el burladero porque hay femorales que piden asta de toro. Hasta cuando serán así las cosas no sé sabe, aunque ayudaría a acortar los plazos algún gol de quien Lopera trajo para hacerlos aun a sabiendas de que ni era su especialidad ni se espera a estas alturas que pase tan feliz sarampión. Y ahí está Jose Marí, apátrida en su patria chica, moviéndose en un mundo de daltónicos porque nadie lo ve ni verde ni rojo. Del ámbar, cárcel de fósiles, mejor no hablamos.

Pero a él que le quiten lo bailao, especialmente en lo económico, que en lo deportivo haya sido otra cosa para quien tanto prometía. El Sevilla de Julián Rubio y Rafael Carrión lo dejó ir por una miseria cuando cotizaba al alza en el mercado de futuros; el Atlético de Gil, que ofició de cuatrero, hizo caja pasándoselo al Milán, que lo quería de ariete pero lo utilizó de exterior hasta que se dio cuenta que el chico no daba para más: de alli, de nuevo al Atlético y de la capital a Villarreal, donde se ganó fama de jornalero, él que iba para figura; al final, parada y fonda en el Betis de Cúper, al que le daba igual a quien le ficharan con tal de contar con algo más de donde elegir. El argentino lo veía en punta, Lopera lo presentó como goleador, pero la realidad se resume en un puñado de minutos jugados en un estado de forma deplorable.

Ahora, a esperar, que tres años pasan enseguida y un millón de euros por temporada bien vale aguantar unos pitos, vengan del barrio que vengan. El negocio ya está hecho y cuando se acabe el contrato de alquiler, otra rebaja y a ver quién pica. Hay gente que en vez de una flor les crece un jardín.

Redacción

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