La gran palanca bética

Por  1:21 h.

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Me ha venido a la mente la célebre frase de Arquímedes de Siracusa cuando hacía inventario de la actualidad bética para enjaretar este artículo. Buscaba cualquier hecho positivo, por minúsculo y fútil que fuera, para romper esa inercia que lleva al comentarista a atornillarse en la desesperanza en épocas, por decirlo en lenguaje de nuestros días, en que las vacas se nos tornan anoréxicas. Y parafraseando a Arquímedes tras su descubrimiento de la ley de la palanca, queria enfatizar algo así como: “Dadme un punto de esperanza y os mostraré el horizonte bético”.

Debo confesar que en el amplio listado de acontecimientos de las últimas fechas no encontré lo que buscaba. Nunca fue el Betis equipo de medias tintas, pero desde hace tiempo su naturaleza se ha radicalizado y ahora vive sus temporadas en la gloria o en el infierno, como ángel o como demonio, renegando de su condición, por historial, de habitante del tibio limbo futbolístico.

Ha sido al revisar las crónicas de los partidos disputados en el estadio de La Cartuja, y ya cayeron farolillos en el Real, cuando he encontrado esa palanca que, encajada en el lugar preciso, debe más que mover, remover el mundo bético. Apenas dos líneas perdidas en las respectivas fichas técnicas de los partidos contra el Villarreal y la Real Sociedad: 52.000 y 45.000 aficionados en las gradas.

Un equipo que es incapaz de dar una satisfacción a su gente desde hace temporada y media, que se encuentra inmerso en una grave crisis institucional que le lleva constantemente a la polémica, con un maximo accionista que oficia de presidente pero sin comparecer como tal, un equipo y club así, capaz de movilizar a cincuenta mil personas en un campo de destierro y frente a rivales del montón, tiene un crédito sin límites.

¡Menuda palanca si la supieran aprovechar, eh, Arquímedes!

Redacción

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