Guillermo Molina, junto a Manuel Ruiz de Lopera en una de las visitas del exmáximo accionista a los juzgados
Guillermo Molina, junto a Manuel Ruiz de Lopera en una de las visitas del exmáximo accionista a los juzgados

Lopera y los diez años de presunción de culpabilidad

Haro se merece abanderar el futuro, Lopera las disculpas de quienes lo acusaron en el pasado
Por  10:21 h.

Manuel Ruiz de Lopera es inocente pese a que él mismo no se lo puso fácil a los magistrados de la Audiencia al declararse medio culpable en su día, bien es verdad que con la boca chica y con el único propósito de salvar el acuerdo con Ángel Haro y las plataformas opositoras. Una situación más hiperrealista que surrealista, perfectamente combinada con el desarrollo de lo que empezó siendo una operación de acoso y derribo con abogados de por medio y terminó convirtiéndose en un negocio en el que todos ganaron menos quien más énfasis puso en la denuncia, un Béticos por el Villamarín que, de forma metafórica, ansiaba celebrar el triunfo en los tribunales con unas buenas langostas a cuenta ajena y terminará tapeando con galeras a costa propia.

Diez años ha durado la cosa, para vergüenza de la Administración de Justicia. Diez años en los que el ex presidente bético no estuvo amparado en la calle por la presunción de inocencia sino por la “certeza” de la culpabilidad. Quienes lo llevaron a los tribunales y pidieron medidas cautelares, privación de libertad e indemnizaciones millonarias no han logrado probar sus acusaciones más allá de lo sentenciado por el Mercantil por gestión negligente, un tirón de orejas, como lo calificamos en su día, que junto a él hubieran merecido todos los presidentes de Primera división de su época, derrochadores compulsivos. Todos.

La sentencia de la Audiencia convierte el acuerdo con el club en un pésimo negocio para el mandatario de El Fontanal y su “socio” el sibilino Luis Oliver, y en un gran triunfo para Adolfo Cuéllar y Ángel Haro, por una parte, y el beticismo en general por otra. Los 16 millones de euros abonados a Farusa y Bitton por un club del potencial del Real Betis es calderilla y la inversión de los grandes accionistas, un chollo. La mayor atomización del accionariado permite también a los pequeños accionistas engancharse, ya veremos con qué peso, al carro ganador.

A falta de conocer si habrá recurso de casación, se ha echado cerrojo al caso. El miedo que los llevó a pactar no admite ahora ventajismos. Haro se merece abanderar el futuro, Lopera las disculpas de quienes lo acusaron en el pasado. Es de Justicia (de la Audiencia).

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla