Riazor, primera estación del Vía Crucis

Por  11:56 h.

Hoy, fútbol, ¡qué buena cosa, no! Once señores vestidos de corto contra otros señores con igual indumentaria, un balón por medio y que gane el que pueda.La esencia del fútbol, el daguerrotipo que nos legaron nuestros tatarabuelos hace un siglo, cuando no había más que cal delimitando los espacios del terreno de juego y todo lo demás era palco para los señores espectadores.
Nada se ha hablado del partido en Riazor. La actualidad le ha faltado al respeto a los profesionales, los grandes damnificados de todo el embrollo. Ni pudieron acabar su tarea el miércoles ni, de no prosperar los recursos del club, contarán durante tres partidos con el abrigo de su estadio. Más de dos meses de exilio les aguarda entre partidos como visitantes y como locales en plazas ajenas.
Se juega mucho en estos dos meses el Betis y lo hará siempre con el viento en contra, furioso levante que aventaron algunos de los que dicen quererlo. Más que nunca hay que estar con Luis Fernández y los suyos, “machotes” deportistas que han tenido un comportamiento intachable en los antes y en los después de. El descenso amenaza y lo que está en juego no es la vanidad de unos ni las soberbias de otros, sino el futuro del Betis, del club, lo único en verdad importante.
La Coruña era un puerto de destino más de los diecinueve que impone la Liga, pero se ha convertido en la primera estación de un vía crucis que el tiempo dirá como acaba. Enfrente, Joaquín Caparrós y sus chicos, otro capricho del destino, porque por más que por tierras gallegas reine el azul éste se ve ribeteado por el rojo del dueño del banquillo. Pero no se olvide, y menos ahora, que el verde es el único que regala esperanza.

Redacción

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