Joaquín encara a Escudero en el derbi jugado en el Sánchez-Pizjuán (Foto: Raúl Doblado)
Joaquín encara a Escudero en el derbi jugado en el Sánchez-Pizjuán (Foto: Raúl Doblado)

Si el Betis esperaba una señal, el sábado la tuvo

Se equivocan los que criticaron la celebración: cada uno expresa su alegría como quiere y además del triunfo se festejó el fin de una pesadilla
Por  9:52 h.

Desconozco si quedará algún rezagado sin llegar a casa aún, siguiendo el mandato de Joaquín en la noche del sábado, cuando amenazaba de multa a quien osara acostarse antes de las cinco de la madrugada, sin especificar de qué día. Podría ser, porque la victoria en el Sánchez-Pizjuán se ha festejado por la afición bética con una emotividad extraordinaria. Hay quienes, desde la acera propia y la ajena, han criticado el fondo y la forma de la celebración, pero se equivocan. Lo hacen porque cada cual es libre de darle todo el hilo a la cometa que quiera a su alegría (¿cuántas, Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, te llegaron como regalo de Reyes a tu asiento de preferencia celestial?) y también porque no era sólo un triunfo muy especial lo que se festejaba, sino el fin de una pesadilla.

No fue ni el éxito, ni la goleada, ni la ruptura de la racha casera del eterno o el mal fario de Joaquín en los derbis, lo más importante de la noche, sino la venturosa sospecha de que se ha entrado en otro ciclo; de haber arreglado el timón que desde hace muchos años, muchos, tenía al barco a la deriva; de recuperar la autoestima y deshacerse de los complejos; de saberse libre de las cadenas del pasado y poder pensar en el futuro. Nada está del todo conseguido, es el principio del camino, sí, pero si se necesitaba una señal, una estrella que guiara al grupo, esa surgíó, qué hermoso día, en la noche del 6 de enero.

Exultante como estaba, Joaquín dijo también tras el derbi que ya se podía retirar. Ese es el mensaje que hay que evitar, porque es hijo del manqueperdismo. Queda un mundo por hacer y bien haría el Betis en fijarse en su víctima sabatina, que empezó a crecer y crecer cuando desterró de su mente los provincianismos y se fijó metas ambiciosas. Joaquín no se puede retirar ya, no al menos hasta que deje al Betis en Europa. ¡Qué menos!

Si el consejo, Serra, la plantilla y la afición sacaron pecho, uno se acordó del ausente, Quique Setién, a quien el juego y el resultado homenajearon. Tiene mucha tarea aún, porque debe conseguir que sea regular lo que por ahora es esporádico, pero el cántabro cabezón salió reforzado en su apuesta. Y se pagaba muy cara.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla