Si no llegó a la elite hasta los 65 fue, simplemente, porque no servía

Por  1:12 h.

A mi me destituyó también ayer Ruiz de Lopera. No como entrenador, pero si de consejero, porque aunque no me siento en la mesa del consejo de administración ni soy florero en las esquinas de la sala de reuniones, en su día fuí de los que apoyé la contratación de Paco Chaparro como entrenador bético de la 08-09. Vamos, que me columpié como el 99 por ciento de mis colegas de la prensa, la radio, la televisión, internet y la barra del bar. Y el que no se sienta aludido que lo demuestre con copia compulsada de lo escrito o con CD de audio notarial con fecha anterior al día en que, como quien hace un favor, de lo poco convencido que estaba, Lopera estampó su firma en el contrato. Chaparro ha cesado y ahora todos somos Momparlet.

Ha sido en verdad decepcionante el trabajo del trianero. Salvo el trecho inicial liguero en que el equipo bordó el fútbol sin el premio de los resultados, el resto ha sido un completo desastre porque ni se mantuvo el buen juego, ni se corrigieron las rachas de malos marcadores ni hubo nunca atisbo de bloque ni tuvo complicidad con un plantel que empezó alabando su sentido de la justicia para, a la vista del trato preferente con personajes como Emaná o permisivo como con Xisco, acabar reprochándole su pobreza de espíritu.
Los sueños en el deporte se hacen a menudo realidad. En esta ocasión, sin embargo, el cuento, porque ha habido mucho cuento desde el banquillo verdiblanco, no ha tenido final feliz. Chaparro ha desaprovechado la oportunidad única que se le presentaba y ha dado la razón a los que, como Joaquín Parra, valedor de otras opciones para el banquillo, siempre esgrimieron que si no había llegado a la elite hasta los 65 años sería por algo. Y ese algo, desgraciadamente, es porque no servía.
Redacción

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