Trece barras que a Villar se le imaginan barrotes

Por  0:46 h.

Cuando se eche el cierre a la temporada en el Ruiz de Lopera y se haga balance de la misma, aquello va a parecer el inventario de una tienda de chinos en lugar del resumen de actividades de un club de fútbol con miles de aficionados sufriendo a dos carrillos (el propio y el de las estadísticas de don Emilio). A saber: un busto oxidado, un perro que saltaba y que ahora se mueve menos que si fuera de porcelana, un presidente de pega, ciento y pico de petos de voluntarios del Centenario, un Centenario desinflado, un puñado de cintas de presuntos conspiradores en que lo más interesante que se pilla son las pizzas favoritas que se pedían tras las reuniones y, para colmo, hasta un francotirador especializado en poner en la mirilla a los “amigos”.

El último escándalo, las consecuencias de colocarle al “amigo” Villar (vaya tela los cariños de don Manuel) a Javier Tebas como representante federativo del club, lo coge Azcona y hace un guión de cine que ríase usted del que firmó con “El verdugo”. Tebas, desde hace años, no de ahora, quiere a Villar no ya fuera de la Federación sino en la cárcel, lugar en el que no es descartable que acabe cuando se sustancien las demandas que tiene planteadas en llos juzgados. Es un sabueso que lo persigue con saña allá donde va y lo hace con el escudo de las trece barras en el pecho, que a Villar se le imaginan barrotes.

Sin pruebas, resulta calumnioso acusar al presidente de la Española de estar usando la caterpillar arbitral para reducir al equipo de escombros, pero entre los antecedentes y las imágenes de televisión, lo cierto es que hay que tener la inteligencia en el congelador para no darse cuenta de que algo pasa y que lo que pasa no es sólo que tenemos los peores árbitros de toda Europa. Que también.

Redacción

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