Visto y no visto

Por  21:25 h.

Si a usted le encargan un documental de Sevilla de un minuto para mostrarlo en la Feria de Turismo de Malasia pues tendrá el tiempo y el metraje justo para mostrar la Giralda, el río, un par de macetas del Barrio de Santa Cruz, el Metro con el cartel de averiado y a un baranda de Mercasevilla pronunciando el eslogan de «Ciudad de los maletines olvidados por ahí». Bueno, pues más o menos con eso se tuvo que contentar la afición sevillana en general, bética en particular y la jartible verdiblanca en esencial, del partido que el cuadro bético disputó con el Español y que no se emitió en directo ni por cadena nacional alguna ni tampoco por la de pago. Y así, las conexiones de diez segundos con que nos regalaban cada cuarto de hora nos permitió ver un gol del rival Luis García casi desde vestuarios, cómo le ha cogido el gusto a protestar a Oliveira, el cabezazo alto de todas las tardes de Juanito, el despiste de abono de Melli y la cabalgada loca hacia ninguna parte de Capi. Todo muy típico.

La segunda derrota de José María Nogués con el Betis, que pone su marcador particular en 2-2, deja a los verdiblancos a cuatro puntos del descenso. Hay colchón, pero es de agua, y como a alguien le dé por quitar el taponcito podemos ver de ma</MC>rejada a alta marejada en el estrecho de Jabugo. Le cuesta a este Betis desde hace años finiquitar tempranito las cosas: las clasificaciones, los fichajes, las deudas con la afición, las cuentas con los accionistas… Es tardío en las alegrías y madrugador en los disgustos.

Durante la semana fue noticia la lesión turca. Mehmet Aurelio volverá a trabajar en agosto, que es cuando todos paran, incluso los que no se mueven a lo largo de todo el año. Tiene las rodillas peor que aquel Rinati (Dassaev) al que Polster recomendaba que no se agachara para hacerse las fotos de las alineaciones «porque las tienes regulá», dicho con el mejor acento vienés-andaluz. Al conocerse que deberá ser operado se ha divulgado que en los reconocimientos médicos previos a sus fichajes se le observaron las articulaciones de una persona de cuarenta años. «El extraterrestre», como lo llamaba Chaparro, no sólo era bastante terrenal sino, para el fútbol, casi un paciente geriátrico. Confiar en que la suerte desvirtuara lo que pronosticaba la ciencia fue una mala apuesta. Pero si la hizo Lopera, que es el que suelta la manteca colorá, «pagaré con gusto no pica».

Redacción

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