Haro y Catalán en la Junta de Accionistas 2016. Foto: RBB
Haro y Catalán en la Junta de Accionistas 2016. Foto: RBB

El Betis, un club a la deriva

Haro y Catalán deben terminar la temporada, asumir las críticas por su fracaso e, inmediatamente después, examinarse ante los béticos en una junta de accionistas
Por  13:36 h.

El bético está cansado. Otra vez. Y es normal, porque sólo hace falta mirar al Betis de arriba hacia abajo para darse cuenta de que es un club que va a la deriva. Decía hace no mucho el vicepresidente, José Miguel López Catalán, que “el punto débil es lo deportivo”. Lo hacía intentando quitarle importancia y, a la vez, destacando que había muchas otras cosas que se hacían bien, pero evidentemente lo más importante en un club de fútbol es lo deportivo, aparte de que no están precisamente en posición de sacar pecho por otras cosas. Porque si la situación deportiva es paupérrima, con el objetivo a una distancia insalvable y el descenso lejos porque los otros fallan, la institucional no es que precisamente esté mucho mejor. Sí, construir el Gol Sur es algo positivo. Y tener medios de comunicación propios (utilizarlos bien ya sería la repanocha), también. Mejorar en áreas (dejar de meter a amigos en puestos de relevancia ayudaría más todavía) que antes parecían abandonadas, más de lo mismo. Hasta aquí, todos de acuerdo pero, ¿y en lo demás?

Porque la realidad es que el aficionado de Betis anda mosca, y con razón, por muchos aspectos. Por un pacto con Oliver, al que llamaron ladrón y ahora le dan diez millones de euros, del cual siguen sin aportar toda la documentación. Por una representación del club, tanto de forma interna como externa, más que dudosa por culpa de dejarlo descabezado en citas importantes como la de Las Palmas y de declaraciones surrealistas ante los medios. Por el caso deportivo, al haber traído a un entrenador que empeora al anterior y al que no echan únicamente por no desprotegerse tan pronto del paraguas que supone el cambio de técnico. Por permitir no sólo la planificación hecha por Miguel Torrecilla, sino también que éste hipoteque el futuro del club con un técnico que acumula uno de los peores registros de victorias de la historia verdiblanca. Por no cumplir el objetivo. Por no hacer autocrítica. Por buscar siempre culpables en el exterior y no mirarse nunca a uno mismo. Por el Caja, ahora Betis Energía Plus, con el cual sacaron pecho al principio de la temporada pero ahora agachan la cabeza porque están a punto de descenderlo por primera vez en su historia. Es decir, por prácticamente todo lo que rodea al club, de ahí que sea normal la crispación que existe en la afición del Betis, la cual se manifestó claramente ante el Villarreal y lo volverá a hacer este domingo ante el Eibar. Y aquí no hay ni campañas orquestadas ni milongas de ningún tipo. La única realidad es que al bético, al aficionado en general, lo que le importa es que su equipo gane, algo que no ocurre casi nunca desde que Ángel Haro y José Miguel López Catalán (ABA) llegaron al poder. Por ello, al estar legitimados al haber comprado acciones y conseguido la sindicación de otras, no deben salir corriendo cuando tengan que destituir al entrenador y, quién sabe, si también al director deportivo. No, deben seguir en el cargo hasta el final de la temporada y asumir las críticas por su fracaso. E, inmediatamente después, convocar una junta de accionistas para someterse al examen de los béticos, quienes valorarán el aspecto deportivo y el más que dudoso pacto con Bitton Sport. Todo lo que no sea así, sería engañar al aficionado del Betis.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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