Rubén Castro y Joaquín celebran un gol del Betis (Foto: EFE)
Rubén Castro y Joaquín celebran un gol del Betis (Foto: EFE)

Betis: muchas «finales», sólo un título

"El Betis vive en un eterno 'Día de la marmota' que sólo cambiará cuando el grado de autoexigencia varíe"
Por  9:28 h.
Desde que tengo uso de razón el Betis sólo ha jugado dos finales, ambas de la Copa del Rey. La primera la perdió en Madrid con el Barcelona y la segunda la ganó en el Calderón contra el Osasuna. Fin. Ahí han acabado las opciones reales del Betis de ganar un título, pero es rara la temporada en la que no se escucha varias veces que los verdiblancos juegan una «final». Así se ha catalogado el partido de este sábado ante el Levante, y lo cierto es que el encuentro es muy importante. Vital, diría yo viendo el resto del calendario y la nula competitividad que ha caracterizado al Betis en los últimos años cuando ha tenido la soga al cuello. Y sí, decir el sábado es una «final» es una forma de pedir el apoyo de todos para intentar conseguir el objetivo, pero lo preocupante es que ya sea una costumbre pasar más apuros de los necesarios para lograr el mínimo exigible. 
Vaya por delante que ojalá el Benito Villamarín se llene el sábado, la afición empuje a los suyos y el equipo dé la cara consiguiendo tres puntos que prácticamente aseguren la permanencia en la Primera división, pero el Betis nunca crecerá si se da por normal sufrir para conseguir 40 puntos. Así de rotundo. Lo siento, unos me llamarán pesimista y otros exigente, pero un club como el verdiblanco, con el potencial de masa social que arrastra, debe luchar año tras año por entrar en Europa. O, al menos, debería estar diez años en Primera sin pasar ningún apuro. Ya está bien de conformarse con la mediocridad, de buscar excusas para los incompetentes y de darse por satisfechos por salvarse. Ocurría con los de antes y pasa con los de ahora. El Betis vive en un eterno ‘Día de la marmota’ que sólo cambiará cuando el grado de autoexigencia varíe. Por eso espero que cuando los verdiblancos certifiquen la permanencia (ojalá sea más pronto que tarde) nadie saque pecho ni intente vender que el consejo de administración, el director deportivo, los entrenadores y la plantilla lo han hecho bien. Sufrir hasta el final y hacer el ridículo en varias ocasiones no merece otra nota que un suspenso. Y más, si lo comparamos con la fidelidad de la afición, la cual volverá a olvidar este sábado todos los malos ratos para empujar desde la grada. La verdadera «final» que hay que ganar es la de la mediocridad.
Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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