Miguel Torrecillay Ángel Haro, en la presentación de Víctor como entrenador bético (Foto: Raúl Doblado)
Miguel Torrecillay Ángel Haro, en la presentación de Víctor como entrenador bético (Foto: Raúl Doblado)

Fracaso

"No caben más excusas ni más engaños al bético. Autocrítica para crecer o más pronto que tarde, como las estadísticas así lo atestiguan, volverá a Segunda"
Por  15:27 h.

Fracaso. No cabe otro calificativo para la temporada del Betis. Y no lo digo yo, que también, sino que lo dice, lo dijo, el propio presidente del Betis, Ángel Haro, allá por el mes de diciembre: “Cualquier cosa que no sea quedar por encima del décimo puesto será un fracaso”. Ahora falta que lo ratifique en la próxima rueda de prensa que haga ante los medios de comunicación, algo que, por cierto, lleva tiempo sin hacer. Pero es que no había que esperar a que las matemáticas dijeran que el noveno puesto ya era imposible de alcanzar. La temporada del Betis es un fracaso desde mucho tiempo antes. Para empezar, desde que un club tan grande como el verdiblanco se pone como objetivo la mitad de la tabla, algo tan mediocre. Luego, por supuesto, cuando ni siquiera está una jornada dentro de la meta. Sí, cero veces ha estado el Betis del décimo hacia arriba. Los de Heliópolis, por presupuesto, historia y afición, deben pelear siempre por Europa. O deberían, porque está claro que esto cada vez más parece una utopía cuando año a año, temporada a temporada, se tropieza con la misma piedra.

Pero hay más. La temporada del Betis era un fracaso desde que hubo que echar a Poyet en la undécima jornada. Y también desde que Víctor Sánchez de Amo fue el sustituto elegido. El madrileño, quien quizás con el tiempo se convierta en un técnico de renombre, no digo que no, no debería haberse hecho cargo de una situación tan complicada con la poca experiencia que tenía. Y los números, los que mandan por mucho rollo que se quiera contar de las sensaciones, lo dejan claro. El fracaso va más allá. Porque no hay que obviar que de la enésima revolución de la plantilla sólo se salva, de verdad, el fichaje de Durmisi. Torrecilla no sólo ha quedado señalado por los entrenadores elegidos, sino también por los jugadores. Evidentemente, su temporada también es un fracaso. Y por tanto, la apuesta de Haro y Catalán. Deportivamente, no han cumplido ninguna de sus promesas. Está bien terminar el estadio, tener medios de comunicación propios y crecer en áreas que nada tengan que ver con lo que sucede sobre el césped, pero el bético está harto de estar harto. Cansado de que los suyos cada vez ganen menos, de que esa alegría prometida cada verano acabe siempre en desilusión. La temporada, quede donde quede el equipo, ha terminado y sólo cabe pensar en trabajar de cara a la siguiente para intentar no volver a errar. En teoría, según dijeron Haro y Catalán, para la 2017-2018 el objetivo iba a ser Europa. A ver qué dicen ahora, aunque está claro que lo primero que deben hacer es una revolución profunda. Director deportivo, entrenador y gran parte de la plantilla están entredicho por la gran mayoría de los béticos. Quizás unos merezcan una segunda oportunidad y otros no (en mi opinión, sólo Torrecilla a pesar de los pesares; Víctor debe salir y la directiva debe convocar una junta de accionistas), pero lo que está claro es que no caben más excusas ni más engaños al bético. Autocrítica para crecer o más pronto que tarde, como las estadísticas así lo atestiguan, volverá a Segunda división. No hay que esconder que el Betis se ha librado este año de esa lucha por el ínfimo nivel de los abajo. Menos mal…

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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