Fórmula 1 El aficionado a las carreras, objetivo de la nueva F1

Los nuevos dueños democratizan el evento y buscan una conexión más cercana a los seguidores

Fernando Alonso se hace una fotografía con aficionados en Montmeló
Fernando Alonso se hace una fotografía con aficionados en Montmeló - EFE

A eso de las 13.00 del domingo en Montmeló, una escena resumió la nueva atmósfera que fluye en la Fórmula 1. Bernie Ecclestone, el eterno supremo del negocio, paseaba solo por el paddock, sin su séquito habitual, ese pequeño ejército de guardaespaldas que lo protegían, lo adulaban o lo cortejaban. De frente al solitario Bernie se cruzó un robot en tono gris metalizado, un transformer accionado por control remoto que se detuvo ante el campamento de Red Bull. Ecclestone lo miró con cierto desdén desde sus 85 años y una vida dedicada a filtrar la Fórmula 1 como un reducto exclusivo de pulseras vip. El artefacto motorizado se impuso. Concitó la atención de cientos de personas y cámaras. «La F1 no es una hamburguesería», había protestado el magnate inglés. Tal vez no llegue a eso, pero en Barcelona se ha apreciado un cambio: el deporte del lujo se socializa. El aficionado que puebla las gradas y paga su entrada se ha convertido en el objetivo de los dueños americanos, que no quieren tanto paddock club sino vitalidad en las tribunas y un sesgo popular.

Los máximos responsables del Gran Premio de España, Joan Fontserè y Vicens Aguilera, han detectado señales inequívocas de una inversión en la tendencia. La F1 de Bernie Ecclestone tenía una respuesta uniforme cuando desde el circuito de Cataluña solicitaban el favor de algún vídeo promocional, alguna imagen simbólica o unos segundos de contenidos para promocionar la carrera por la que pagan un canon elevado desde 1991 (se rumorea 15 millones anuales). «No tenéis los derechos, no tenéis imágenes». Con Ecclestone cualquier paso lleva siempre a su majestad el dólar.

Chase Carey, el CEO de la F1 actual, proviene del mundo de la espectáculo y la televisión en Norteamérica. Y allí las cosas funcionan de otra manera. Apenas los responsables de comunicación de Montmeló solicitaron imágenes de propaganda para colgar en las redes sociales, Carey y su equipo les abrió las puertas y facilitó la promoción. El tránsito del reservado en el club nocturno a la hamburguesería.

Todos los jueves previos al Gran Premio de España, a los directivos del circuito de Montmeló les gusta poner en conexión a los aficionados con las estrellas del volante. Hay sesiones de autógrafos, de visita al callejón de los garajes y otras actividades que suelen reconfortar a los seguidores e incomodar a los equipos. Este año, como el anterior, organizó un evento con los chavales que practican karting en la zona y el señuelo era la presencia de los pilotos de Fórmula 1. Sin duda, un estímulo para los niños. En 2016 acudieron dos pilotos y después de mucho rogar los promotores. El pasado jueves estaban todos los pilotos de la parrilla (salvo los de Ferrari, con un evento del Santander a la misma hora).

Pilotos más humanos

Hamilton colgó en su red social de instagram una foto con los aspirantes a estrellas. Y en la misma reunión apareció Ross Brawn, actual número dos de la Fórmula 1 y antigua leyenda de la dirección técnica de los equipos (fue el alma mater de los cinco títulos de Michael Schumacher en Ferrari y el autor del milagro del mundial de Jenson Button con un BrawnGP en 2009).

Parece que la constelación de estrellas de la Fórmula 1 ha bajado a la arena de los mortales. «Nunca podemos olvidar que nosotros vivimos de la venta de entradas y que no puedes estafar al aficionado. Le tienes que dar algo más que una carrera de Fórmula 1 porque si no, no vuelve», cuenta Fontserè.

La nueva Fórmula 1 tiene algo de parque de atracciones. Más que una carrera de monoplazas se trata de un fin de semana de ocio en familia o con amigos. Los aledaños de la puerta 3 de entrada al recinto de Montmeló, la parte posterior a la recta de meta, albergaron una cadena de actividades enfocadas al esparcimiento: juegos de reflejos, de conducción en simuladores, venta de camisetas, tirolinas... A los pilares deportivo y comercial que sustentan un gran premio, Liberty Media ha añadido ahora la columna del aficionado.

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