Guardiola celebra el triunfo frente al Tottenham del pasado sábado
Guardiola celebra el triunfo frente al Tottenham del pasado sábado - AFP

Premier LeagueEl jardín privado de Guardiola

El batacazo europeo del Manchester City ensombrece un título dominado con autoridad total

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El fútbol gana credenciales para hacer literatura con acontecimientos como el que ayer se dio en Old Trafford. El Manchester United recibía al colista, un West Bromwich Albion que marchaba a 12 puntos de la salvación y que sólo había ganado un partido en Premier desde agosto, con la condición de que una derrota hacía campeón a su poco estimado vecino, el Manchester City. Casi dos horas después, el marcador lucía un 0-1 que encumbra la obra de Guardiola en Inglaterra al tiempo que alimenta la leyenda viscosa de Mourinho a los mandos de los «red devils».

Lo mollar es que en las vitrinas del City luce ya su quinto título de liga, el tercero de la era Premier, conquistado cuando aún faltan cinco jornadas. Le servirán al conjunto de Pep Guardiola para intentar batir el récord de puntos y goles: necesitan ganar tres partidos para superar la marca de 95 unidades del Chelsea de la temporada 2004-2005 (el fútbol no descuida los detalles: lo entrenaba Mourinho), y anotar once dianas para hacer lo propio con los 103 tantos que consiguieron también los de Stamford Bridge en la 2009-2010 (Ancelotti).

Si acaso podría reprochársele a la pluma del fútbol el haber brindado el título al City fuera del campo, pues es allí donde los mancunianos llevan ocho meses rindiendo como pocos en Europa. Por ahí nace la dicotomía que amenaza con ensuciar lo brillante de esta Premier en la que los «citizens» cuentan dos derrotas (Liverpool y Manchester United).

Si en Inglaterra los De Bruyne, Silva y compañía han maravillado a Europa con un juego de posición y posesión adaptado a las particularidades del país anglosajón, cuando les ha tocado viajar por el continente el resultado ha sido dispar. Sus primeros pasos en la Champions siguieron la línea de la liga, con victorias autoritarias en plazas de postín como San Paolo en la fase de grupos y una goleada (0-4) en Basilea en octavos de final que daban por hecho el concurso del City en las postrimerías de la competición de competiciones. Entonces llegó la eliminatoria frente al Liverpool de Klopp y su ‘rock and roll’, que acabó ensordeciendo a Guardiola con la misma canción que había sonado en el 4-3 liguero, una oda al fútbol concebido a altas revoluciones donde la presión alta y el contragolpe dan forma a su credo.

Murieron entonces las aspiraciones más ostentosas del club celeste, que una vez encaminada la Premier se permitió la licencia de soñar con la Copa de Europa. Guardiola, que ya paladeó en Múnich la dificultad de abordar el trono europeo al mismo tiempo que se moldea un proyecto, anticipó en cierta manera una resolución que él ya estimaba inevitable: «Tarde o temprano se logrará un título en Europa. Este club lleva una década trabajando para ser más grande», dijo el catalán, que de la mano de Txiki Begiristain –en el club desde 2012– amenaza con volver a romper el mercado para captar piezas que potencien su idea.

El pasado sábado, con los ánimos pisoteados por las tres derrotas que el equipo había encadenado, el Tottenham sufrió en Wembley la reacción del City, que rozó el sobresaliente en el partido que le reconciliaba con sus principios (1-3). Son 23 títulos para Guardiola como entrenador, que ya sabe lo que es ser campeón de liga en España, Alemania e Inglaterra: ha levantado siete de nueve posibles.