Joan Mir, durante la entrevista
Joan Mir, durante la entrevista - ABC

Moto3 | GP AragónJoan Mir: «Probé todos los patines de la tienda, pero tiré por las motos»

El líder de Moto3 aspira a subir a Moto2 como campeón del mundo, lo tiene cerca, con siete victorias, un segundo y un tercer puesto, pero no se fía

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Pide limonada para refrescarse un poco la garganta. Desde que ha aterrizado en el Gran Premio de Aragón no ha parado de conceder entrevistas. Una sucesión de preguntas en todos los idiomas que Joan Mir (Palma, 1997) acepta con amabilidad y sonrisa blanquísima. Es su momento. Con una victoria y también malos momentos se presentó en 2016, confirmado su talento e inteligencia en un 2017 brillante: líder de Moto3, siete victorias, un segundo y un tercer puesto. Números que firmó Valentino Rossi, su ídolo, en el curso 1997, su año de nacimiento. Con un discurso espontáneo y alegre, piensa de refilón en el próximo curso, ya en Moto2, pero quiere cerrar primero este año, con el Mundial, que tiene casi, casi en la mano.

-¿Pesa un poco la responsabilidad de estar tan cerca del título?

-Sí, no le voy a mentir. Cada vez lo ves más cerca, tienes más ganas de tenerlo. Pero no tengo prisa. No está hecho. Lo tenemos bien, bueno, no lo tenemos mal, eso. Pero es que pueden pasar mil cosas. Si todo va bien sucederá, pero se puede girar, ¿eh?

-¿Qué cambios siente con respecto a su debut en 2016?

-La prensa. Ahora hay bastantes medios que se fijan y supongo que a medida que crezca habrá más. En España, claro, más que más. Esto es buena señal, es síntoma de éxitos.

-¿En qué ha crecido usted?

-En aprender de las cosas que me van pasando. No tengo mucha experiencia, pero todo lo que me pasa lo voy anotando. Las cosas que me van bien y las que no me van tan bien, que son más importantes. Assen me ayudó mucho. Por exceso de confianza quise dejar pasar a un piloto yendo primero en la última vuelta para coger el rebufo y ganar la carrera. Pensé demasiado y al final me salió mal la jugada -terminó noveno-. Pero aprendí mucho y aquí estamos.

-En una categoría tan equilibrada como Moto3 siempre tiene un algo más que lo lleva a la victoria, ¿es talento, intuición, estudio?

-Creo que es una mezcla de las tres: talento, algo de intuición, que salgan bien las cosas. Gestionar las carreras en la última vuelta es muy complicado. Me gusta cuando no hay muchos pilotos en el grupo. Cuando veo en la pizarra grupo 30 es como "no me lo puedo creer", es mucho más complicado. Hay que tener todo estudiado. No pensar mucho, guiarte más por intuiciones, dejarte llevar... y en la última vuelta apretar el culo y listo (se ríe).

-¿Es obsesivo con las motos?

-Bueno. Es que, más que nada, hago lo que me gusta. Soy tranquilo cuando tengo mis días libres, pero cuando tengo que entrenar me entreno como un loco. Puedo estar con mi novia tomándome algo en una terraza, pero no me voy a quitar de la cabeza las motos. Un poquito obsesión, sí.

-Su padre tiene una tienda de patines en Palma. ¿No le dio por allí?

-Eso fue complicado. Mira que he probado todo lo que tenía en la tienda, ¿eh?. No me queda nada por probar. Me gustaban los patines y el monopatín. No era de un bando o de otro, porque esto allí es como ser del Madrid o del Barcelona. Sí, sí. Cuando vas con patines los skaters te miran mal y cuando vas con el monopatín son los otros, (se ríe) pero hacía de todo. Todo lo que había allí era una pasada. Es extraño, porque siempre lo he hecho pero como hobby. Sé patinar, sé ir en monopatín, pero no es lo que me gusta más.

-¿De dónde le llegó la afición?

-Mi familia no es muy motera. Pero me gustan las motos desde antes de que yo me acuerde. Tengo dos tíos por parte de madre que hacían motocross. Y por parte de padre, tengo un primo que corrió el Mundial de 125cc y un día fui a verlo y me quedé… Y ya ahí, «papá, una moto», y a correr.

-¿Siente la responsabilidad de los sacrificios de la familia?

-Ahora están encantados de la vida, claro. Pero sí, mi padre era el que apechugaba con todo en los tiempos de desembolsar dinero. Gracias a Dios nunca hemos tenido que pagar por correr, pero sí por entrenar, comprar las motos, los viajes. Y con una tienda de patines eso costaba. Mucho. Soy consciente. Estoy aquí por todo eso, lo sé.

-Y usted, ¿ha perdido algo?

-Cuando empezaba me perdí cumpleaños de amigos por tener que entrenar. Pensaba: «jolín, ¿por qué no puedo ir?». Mi padre me decía: «pues no, no es lo suyo que vayas al cumpleaños». No lo entendía, ahora sí. Mi padre siempre me ha llevado por una línea muy buena, lo que está bien hecho y lo que no. Pero sin machacarme la vida, tampoco lo he necesitado. Hago lo que me gusta.

-¿Ya ha pensado en qué hará cuando gane el título? ¿Algún capricho?

-No. Todavía no. Esperaré a que se termine bien el año. Aunque me gustaría irme vivir en una casa. Vivo con mis padres.