Antoñito:«Gallardo le regaló un cochinillo vivo a Moisés en un amigo invisible»

Por  16:51 h.

—Caparrós quería un grupo. Y, para ello, hacía cosas increíbles. Recuerdo cuando llegó Daniel Alves. Me lo llevé al barrio, al Polígono, y se puso a comer como nunca vi a antes. Una gamba, otra gamba… Así se quedó en España, no me extraña (se ríe). En las pretemporadas hacíamos algo que muy poca gente sabe. La última noche había una actuación…

—¿Una actuación?

—No, pero no de grupos contratados ni nada de eso. Éramos nosotros, los futbolistas, los que actuábamos. Lo hacíamos en un pasillo. Estaba todo preparado. Parecíamos profesionales. Y cada uno tenía un papel.

—¿Cuál fue el suyo?

—Paco Gallardo, que era el organizador, siempre me dejaba de palmero, me decía: «Tú, a tocar las palmas nada más». Pero espere, espere… Había de todo. Tenía que ver a Darío Silva. Estábamos cada uno en su papel y de repente salió Darío con una falda, un top y unas maracas. ¡Increíble! Éramos un grupo. Y esas conversaciones entre Carlitos y Darío también eran tremendas. El enano (por Carlitos) le decía cada lunes: «Darío, no sé cómo el Sevilla se ha gastado tanto dinero en ti. Llevas sólo dos goles menos que yo y he jugado 6.000 minutos menos». Darío terminaba riéndose. ¡Es que no había mal rollo! También estaba lo de los amigos invisibles… ¿Le han contado lo de Moisés?

—Creo que no. A ver…

—A Moisés le tocó que le regalara Paco Gallardo. Los regalos casi siempre eran de guasa, pero esa Navidad a Paco no se le ocurrió otra cosa que regalarle a Moisés un cochinillo. Pero vivo, ¿eh? Imagínese cómo se quedó la gente cuando ese cochinillo empezó a correr por todo el salón. Moisés, claro, no se lo creía.

—¿Y qué pasó?

—Pues lo normal. Que Moisés le dijo a Paco que qué iba a hacer con el cochinillo. ¡Es que después de la cena íbamos a dar una vuelta! Entonces Gallardo se tuvo que llevar el cochinillo a su casa. Y por lo que nos dijo se lo dio otra vez al que se lo había comprado.

—¿Y Caparrós qué decía?

—No, pero si Caparrós era el primero que provocaba esas situaciones. Joaquín es distinto. Para que me entienda le cuento una cosa curiosa. Íbamos en el autobús al estadio del Betis para jugar un derbi. Imagínese cómo estábamos. No íbamos motivados, íbamos a comernos a quien fuera. Cuando ya estábamos llegando aumenta el sonido de los altavoces y se oye una canción… de la Legión. Yo iba delante y empecé a mirar atrás a los compañeros.

—Hablando de compañeros, uno de ellos me contó que en una ocasión le pusieron crema calentadora en los calzoncillos. ¿Es verdad?

—¿Sí? ¿Quién? Seguro que uno de los culpables (se ríe). Aún no me he podido olvidar de eso. Aquel día llegué un poco apurado de tiempo y entre Paquito (por Gallardo), Reyes y Notario me pusieron un poco de eso en los calzoncillos. Al ponérmelo noté como un pegotón. Pero no le hice mucho caso. Cuando estaba el míster con nosotros en el centro del campo para decirnos lo que íbamos a hacer empecé a sudar que casi me vuelvo loco. Se lo dije: «Míster, que yo no puedo más, que alguno de estos me ha hecho algo». Me tuve que ir corriendo al vestuario.

—¿Era Reyes su compañero de habitación?

—Sí, bueno. Yo tenía un problema y es que, como dormía tan poco por las noches, pues me iban cambiando de compañero.

—¿Por qué dormía poco?

—Por las siestas que me pegaba.

—¡Ah!

—Y tuve a Reyes, Gallardo, Njegus, Casquero, también Aitor Ocio. Con el vasco me harté de reír un día en China. Fuimos a un mercadillo de Shanghai que era tan grande que parecía el tamaño de toda Sevilla. Yo fui con él, pero luego no sé qué pasó que nos desperdigamos y cada uno fue por su lado. El mercadillo ese que le digo era extrañísimo. Estabas en una calle normal, como un mercado de los de aquí, y de repente llegabas a una calle con casas. Y te cogía un chino y te metía para dentro. Te enseñaban relojes, ordenadores, de todo. Pues bueno…. Yo había llegado al hotel y al rato grande apareció Aitor Ocio con la cara toda blanca. Estaba hasta sudando. Lo estábamos esperando porque era raro que no llegara.

—¿Qué le había pasado?

—Que se metió en una casa de esas y no lo dejaban salir. Dice que le iban tapando las puertas. (Se ríe). Algunos compañeros no le creyeron, pero yo sé que era verdad. Esa cara no se la había visto nunca.

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Dr (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
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