David Castedo:«Trabajé de reponedor de estanterías bajas en un supermercado»

Por  18:43 h.

A mí nunca me han regalado nada. Sé de dónde vengo. A los 16 años empecé a trabajar de camarero en Mallorca, en el hotel Valparaíso. Menos mal que mi jefe era futbolero… Los domingos, cuando tenía servicio, me iba a trabajar a las siete de la mañana. Estaba hasta las once con los desayunos y me iba corriendo para jugar con mi equipo. Muchas veces los partidos eran a las doce y tenía que que cuadrar los horarios. Mi padre era carpintero y mis hermanos tiraron también por ahí, pero a mí no me gustaba mucho. Probé y me di cuenta de que no era lo mío.

–¿Cuándo se dio cuenta de que iba a ser futbolista?
-Un momento importante fue cuando con 16 años me llamó el Mallorca B. Yo jugaba también a balonmano. Jugaba de pivote, me acuerdo que me escondía debajo de los grandes. ¡También lo pasaba bien! Pero llegó el momento de tener que decidir y me quedé con el fútbol. El Mallorca me puso facilidades. Me buscaron, incluso, un trabajito por las mañanas.
–¿Dónde trabajó?
–En una cadena de supermercados de alllí, Tan Tan. Trabajé de reponedor de estanterías bajas. De las altas no quería saber nada… (se ríe).
–¡Qué arte!
–Es que en Mallorca también hay arte, ¿eh?
–Conozco algunos mallorquines con menos guasa…
–¡Es que yo soy del sur!
–Nacido en el sur de Mallorca y residente en Sevilla…
–Sí, sí. Aquí se vive muy bien, ¿verdad? Y eso que llegué por una casualidad.
–¿Cómo fue?
–¡Uff! Tengo poca memoria, pero eso me acuerdo perfectamente. Era por la tarde y Carlitos, que era compañero mío en el Mallorca, me dijo que alguien quería hablar conmigo por teléfono, que si podía atenderlo. Le dije que sí, me pasó el teléfono… ¿Sabe quién era?
–Ni idea.
–Manolo Jiménez. Estaba trabajando en la secretaría técnica. Me preguntó como veía la posibilidad de fichar por el Sevilla. Le dije que me gustaba la idea. Y unos días después me llamó Monchi. Así empezó todo.
–Así empezaría todo, pero a Caparrós casi le da algo en los primeros días de preetemporada. ¿Lo sabía?
–Me lo dijo con el tiempo. Si me lo llega a decir nada más empezar me hubiera matado… Pero sí que es verdad que mucha confianza no tenía Joaquín en mí. En pretemporada siempre ponía a Tabaré. Yo entraba ya al final, en las segundas partes.
–¿Qué es lo que ocurrió?
–Mire, yo donde tenía que correr era en los partidos. Ahí me tenía que matar. Y en los entrenamientos tenía que prepararme para los partidos. Es así. Recuerdo que Antonio Álvarez a veces se hacía el despistado. Cuando teníamos que hacer carreras continuas con cambios de ritmo había veces que yo no llegaba hasta el final. Daba la vuelta antes. Veía a Antonio y me hacía gracia porque notaba que se estaba haciendo el loco…
–¿Y Caparrós?
–Pues Joaquín al final hacía algo parecido. Me entendieron.
–Entendido. Pasamos a las anécdotas. Dígame la primera.
–¿De Caparrós?
-De quien quiera.
–Recuerdo que Joaquín nunca se metía a jugar los partidillos. Antonio Álvarez sí lo hacía, pero el míster se quedaba mirando. Pero un día, no sé la razón, Joaquín se apuntó. Pues fue la última vez que lo hizo. Acabábamos de empezar y Prieto le pegó una entrada que casi lo mata. No me lo podía creer. Recuerdo los gritos de Caparrós en el suelo: "Me ha matado, me ha matado…". Fue su última pachanga.
–Cuénteme otra curiosidad.
–Antoñito y Reyes eran un peligro. Estaban de broma todo el día. Teníamos la ropa preparada para entrenar en el vestuario y el niño -por Reyes- cogió crema calentadora, de esas que te pones en los músculos antes de hacer los ejercicios y le puso un poco en los calzoncillos de Antoñito. Imagínese. Nos fuimos a entrenar. Y la verdad es que al principio parecía que no iba a pasar nada, pero a los diez minutos Antonio estaba como loco… ¡Se fue corriendo al vestuario!
–Hablando de vestuario. ¿Qué fue lo que realmente ocurrió entre Dragutinovic y César Cadaval?
–¡Uff! Eso fue muy fuerte. Había sido el amigo invisible unos días antes y a Aitor Ocio, que era uno de los guapitos, de los que se cuidaba mucho, pues le regalaron un espejito. En esa época, el de Los Morancos entraba y salía sin problemas del vestuario. Pues bien, yo vi perfectamente cómo Drago, ese día, se quedó mirando a César nada más verlo entrar. Parecía extrañado, pero la cosa se quedó ahí. A la salida, con la guasa esa de los guapitos, el de Los Morancos salió y al ver a Dragutinovi le dijo: "Aitor es más guapo que tú…" y le tiró un beso volado. ¡Uff! Drago se levantó, se fue detrás de él y le pegó una "mascá" impresionante. César se cayó al suelo. Luego, con el tiempo, nos dijo: "Yo no sabía si llorar, si levantarme o pedir un taxi…". La verdad es que a Drago no le pega eso. Fue todo un malentendido. Es que es un tío increíble.
–No lo digo mucho, pero para increíble, usted.
–(Se ríe). No, no, yo normalito.
–Por cierto, ¿se sacó el carné ya de patrón de barcos?
–No, no, me saqué el titulín.
–¿Por qué?
–Porque una vez probé y cuando el barco se paró me mareé una pasada. Me tuve que tirar al agua.
–¡Increíble!
Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Dr (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
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