Pablo Alfaro:«Terminamos celebrando la primera clasificación a la UEFA en un bingo»

Por  9:50 h.

Era el año 1992. Mira que ha pasado tiempo. Pero lo recuerdo perfectamente. Fue en la presentación del Barcelona. Imagínese un chico recién llegado de Zaragoza. No estaba perdido. Estaba lo siguiente. Se habían celebrado los Juegos Olímpicos; el Barcelona, además, ese año ganó la Copa de Europa con aquel gol de Koeman, ¿se acuerda? Pues me dijeron que tenía que estar en el Miniestadi tempranito. Y allí me fui. Pero, ¿sabe qué pasó? Pues que no me dejaban entrar. El chico que estaba en la puerta fue muy amable y me dijo que tenía que ir por otra puerta, que esa era la de los jugadores y que me debía mover pronto. ¡No sabía qué hacer! Claro, luego lo entendí. Yo llegué con mi Fiat Uno y no se lo esperaría. De repente se dio cuenta y me dijo: «Ah, tú eres el nuevo, ¿no?». Cuando fui al parking no paré de ver Mercedes, BMW, Porsche…

—Y su Fiat Uno.
—Eso es.
—Siempre marcando diferencias, ¿no?
—No, no. ¿Sabe uno que era diferente de verdad? Esto es muy bueno.
—¿Quién?
—Chilavert. Nadie quería estar con él en la habitación. Y en el Zaragoza pensarían: «Vamos a meter al jovencito ese que seguro que no se queja». Era muy callado, pero no me olvidaré el primer día cuando me dijo que él no dormía en la cama, que prefería coger el colchón y llevárselo a otro lado.
—¿Dónde se lo llevaba?
—A ver. ¿Sabe esas habitaciones de hotel que antes del lugar donde está la cama hay como una pequeña salita de entrada?
—Sí, sí.
—Pues ahí. Hicimos un pacto. Yo me quedaba con la tele y él con el teléfono. En aquella época no había móviles y había momentos en que lo llamaban a las tres, a las cuatro de la mañana. ¡Ah! Y otra cosa buena. Me acuerdo cuando terminamos la pretemporada y me pasé por recepción para saber cuánto tenía que pagar, lo típico, lo del minibar… ¡Casi me da algo! Cuando vi la cuenta me quería morir. Yo no sabía qué hacer. ¡Casi todo era de llamadas de teléfono! Pensé: «Ahora subo a la habitación, le explico a Chilavert lo que ha pasado, ¿pero y si me dice que lo paguemos a medias?». Me quedaba blanco sólo con pensarlo. Me hubiera tenido que gastar media ficha (se ríe).
—¿Qué pasó al final?
—Lo pagó todo. Me dijo que él se encargaba. Con los compañeros que te tocan en las habitaciones puedes vivir historias increíbles.
—Cuénteme otra.
—¿Recuerda aquel día en el que los jugadores decidimos no subirnos al autobús porque había varios compañeros del Sevilla que no querían que fueran a la concentración? Yo era el capitán y el lío fue tremendo. Al final fuimos a Costa Ballena, pero imagínese los compañeros preguntándome, yo dándole vueltas a la cabeza sobre lo que estaba ocurriendo. Bueno, pues sigo. Me tocó en la habitación Jesús Navas. Y en eso que subo, todo preocupado, y me veo a Jesús en la cama tirado… Miro para la tele y ¿sabe lo que estaba viendo? ¡Dibujos animados! Increíble. Yo me estaba matando con lo que estaba ocurriendo y Jesús estaba viendo dibujos animados. Casi lo mato (se ríe). Yo creo que se dio cuenta de la cara que puse que tiró el mando como si los dibujos se hubieran puesto de casualidad. Se puso nervioso.
—¡Qué bueno!
—También fue gracioso, unos años antes, cuando nos clasificamos para la UEFA por primera vez. Fue tras ese partido que le ganamos en la última jornada al Osasuna. Creo que marcó Baptista, ¿se acuerda?
—Perfectamente.
—Pues nos fuimos después a celebrarlo en una fiesta en la que César Cadaval, el de Los Morancos, cogió el micrófono y estuvo dos horas con una guasa impresionante. ¡Qué agilidad mental! Terminamos a las ocho de la mañana. Éramos un grupo amplio, íbamos con nuestras parejas y, como estaba ya todo cerrado, pensamos en algún lugar en el que seguir celebrando.
—Claro, la ocasión lo merecía, ¿no?
—Eso es. Rendimos en el campo y había que disfrutarlo luego. Pues nos fuimos al bingo. Recuerdo, para colmo, que cogimos los coches… Había por lo menos diez o doce coches. Y a las primeras de cambio un policía para al que iba primero. Claro, como íbamos todos juntos pues nos paramos…. Pero no en fila india, no, lo hicimos en paralelo. Se lio una buena. El policía nos reconoció y nos dijo: «Venga, hombre, venga iros todos ya de aquí…».
—¡Al bingo!
—Exacto.
—¿Qué tal fue?
—Muy bien, muy bien. Cantamos líneas, bingos. Yo creo que todos los que fuimos cantamos algo.
—¿Todos?
—Hombre, claro. Si es que a esa hora sólo habría tres personas más en la sala. Y nos tenía que tocar, ¿no?
—Además de verdad…
Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Doctor en Comunicación (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
Siempre, un espectáculo @arrebatoficial en su casa, Sevilla . https://t.co/YlQX6ArhRM - 21 horas ago