Lucio Wagner: «Vivía con Eboue, que cocinaba muy bien»

Por  22:11 h.

Sueña aún con el nombre de Roberto Carlos, con el que el entonces presidente del Sevilla, Rafael Carrión, lo comparó. Y lo hace diez años después, desde Bulgaria, país con el que es internacional. Es Lucio Wagner, de nacimiento brasileño.

Lucio Wagner (derecha), junto a Eboue y Rafael Carrión

—Nunca conocí a Roberto Carlos y, sin embargo, su nombre llegó a agobiarme, tanto que me cansaba de escuchar lo mismo todos los días… Apenas llevaba unos días en Sevilla y cada vez que salía a la calle los aficionados me decían: «¿Es verdad que eres mejor que Roberto Carlos?». Iba a desayunar, cogía un periódico y en las páginas de deportes aparecía no sé qué sobre Lucio Wagner y Roberto Carlos. ¡Fue impresionante! No me lo podía creer. Recuerdo un día que al ir a entrenar un compañero que se llamaba… Jugó en el Atlético de Madrid también…

—¿Salva?

—Sí, Salva. Me estoy cambiando para entrenarme y se acerca a mí con cara de enfadado. Le pregunto qué le pasa y me sale con que yo por qué he dicho que soy mejor que Roberto Carlos, que estaba loco. ¡Loco estaba él! En mi vida dije eso. ¡Qué tontería! Así era todos los días. Roberto Carlos, Roberto Carlos… Salía a jugar y oía los murmullos de la gente, de los aficionados, que esperaban algo de mí que yo no podía darles. Hasta un amigo mío que vino de Brasil y se quedó en mi casa unos días me lo dijo también: «¿Por qué has dicho eso de Roberto Carlos?» Otro más. Me lo dijo como si fuera cierto todo lo que se publicaba, que lo había visto en un periódico. ¿Y sabe? Compré el periódico y era verdad. ¡Lo ponía! Es más, le voy a decir una cosa. El periódico lo tengo guardado en mi casa de Brasil. A veces lo miro y no me lo creo… Dígame, ¿usted sabe quién dijo eso de Roberto Carlos?

—¿Rafael Carrión?

—Ése era el presidente, ¿no? ¿Fue él? ¡No creo! ¿Y para qué?

—¿Para resaltar su fichaje?

—Pero si yo venía del Benfica, de un año en el que apenas había jugado nada, una temporada muy mala para mí.

—Entonces le habría sorprendido el interés del Sevilla, ¿no?

—Pues… por un lado sí, claro. En el Corinthians, antes de jugar en Portugal, sí que tuve un año bueno… Pero lo de Benfica fue lo que fue.

—Hábleme de Sevilla.

—¿Como ciudad? ¿Como club?

—Como quiera.

—De la ciudad tengo unos recuerdos buenísimos. Nunca más volví a ir, y se lo digo a mi mujer muchas veces, de viajar algún día.

—¿Vio la Feria de Abril? ¿La Semana Santa?

—No, de verdad que no.

—¿Nunca salió de fiesta?

—Sólo una vez fui a una discoteca y fue con Casagrande. Ganamos un partido y nos dimos una vuelta. Yo… es que era muy tranquilo. Cuando llegué me quedé en un hotel que se llamaba…

—Lebreros.

—Eso es. Estuve apenas unos días. Pronto me fui a un apartamento que estaba cerca, a unos cinco minutos caminando del estadio. Luego llegó Eboue.

—¿A qué se refiere?

—El club nos puso a vivir juntos. Yo hablaba portugués y algo de español, y él, francés e inglés. Imagínese cómo nos podíamos comunicar… Si es que no hablábamos. ¡No podíamos! Cada uno teníamos un diccionario y cuando queríamos comunicarnos pues lo usábamos. Lo que sí recuerdo era lo bien que cocinaba, Yo no sabía hacer nada y él preparaba unos platos muy buenos, arroz, carne, espaguetti…

—Y como portero, ¿qué tal era? Había quién aseguraba que era mejor como delantero.

—¿Delantero? ¡Yo lo vi hace unos años en el banquillo de la selección de Camerún! ¿Sabe dónde está ahora?

—En un equipo francés que se llama Villemomble Sports. Y usted, ¿cómo es que ha acabado siendo internacional con Bulgaria?

—Pues… tenía una ilusión muy grande cuando hace dos años, en la Copa de la UEFA que ganó el Sevilla, sabía que si eliminábamos al Schalke 04 nos hubiésemos enfrentado al Sevilla. Y yo… llegué al Cherno, y después de una buena temporada, me fichó el Levski Sofia. Luego, Stoichkov, el del Barcelona, me dijo un día que si estaría interesado en jugar con Bulgaria. Así empezó esta historia.

—¿Aprendió algo de su etapa en el Sevilla?

—Me acuerdo mucho de una frase que me decía Prieto casi todos los días. «Si entrenas fuerte, jugarás fuerte». Y claro, también aprendí que en mi posición lo primero era defender. Antes, cuando estaba en Sevilla, me iba para arriba… Como yo estaba teniendo dificultades en la adaptación un primo mío de Brasil vino a acompañarnos durante tres meses. Fue a un partido, no me acuerdo contra quién jugamos, y cuando terminó me dijo: «Primo, ¿por qué aquí no eres el mismo?». ¡Lo pasé muy mal!

—¿Se acuerda de cuánto costó su fichaje?

—No, lo que sé es que con el dinero que gané le pude comprar una casa a mi madre. Tuvimos una vida difícil. Fueron unos amigos de mi familia los que me ayudaron a que yo creciera, me pagaban los pasajes, también nos ayudaban con la alimentación. Ahora, siempre que voy a Brasil voy a verlos. Incluso les llevé una camiseta del Sevilla con mi nombre.

—Buen regalo.

—Sí, sí… aunque no me salió muy bien…

Redacción

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