Pablo Alfaro: “Ya no creía en el fútbol; hasta que me llamó el Sevilla y comencé a ver el sol”

Por  20:04 h.

Cambiará el terreno de juego por los despachos. Y lo hará en apenas mes y medio, justo el tiempo que le queda para llegar a Sevilla. Es Pablo Alfaro, el doctor, el capitán, el aragonés… el hombre que repasa en esta entrevista sus años como futbolista y su nueva vida como directivo en el club nervionense.

-¿Cuenta los días?

-A ver… ¿para la final de la UEFA? ¿Para la de la Copa? ¿Para volver?

-Para regresar a Sevilla.

-En mes y medio ya estaré por ahí; si no hay ninguna novedad, lo normal es que el 30 de junio cuelgue las botas.

-¿A qué se refiere con novedad?

-Pues una oferta de un país exótico, siempre he tenido un espíritu aventurero y si surgiese esa posibilidad de aquí a mes y medio lo valoraría. Pero vamos, es complicado.

-¿Será usted el Butragueño del Sevilla?

-¿Butragueño? Es que yo no he dicho nada de esto; no sé, son situaciones distintas, clubes distintos… Y claro, hace un tiempo eso del Butragueño del Sevilla podría sonar mejor, pero es que ahora… Intentaremos no hacer paralelismos, son estructuras bien distintas.

-¿Doctor en los servicios médicos del Sevilla?

-No, a medio y corto plazo puede ser; por ahora no.

-¿Entonces?

-Mi labor está perfilada en un 90 por ciento; dependerá de la situación final, si jugamos la Champions, si no… La estructura no es la misma.

-Salvo sorpresa, el Sevilla va a clasificarse para la Champions.

-Pero cuidado porque te puede pasar como el Osasuna, te clasificas y pierdes en la fase previa. Hay que tener cuidado con eso también.

-¿Trabajará con Monchi?

-Bueno, no sé, son varias cosas.

-No estará por arriba de Monchi…

-No, no. Lo que sí le digo es que yo, esté donde esté, Monchi estará por encima mío; él será el maestro y yo el alumno. Pero vamos, yo no voy al Sevilla para quitarle el puesto a nadie. El club está creciendo y hay cabida para todos. La estructura es cada vez mayor y hay hueco para todos, vengo a complementar.

-No me deja nada claro.

-De eso se trata también mi nuevo trabajo.

-Ya sé, será usted director de fútbol…

-Director de algo… ¿no?

-Me reconocerá que está haciendo usted el curso de director deportivo. ¿Qué tal?

-Muy bien, me gusta bastante. Es en la Federación y ya me quedan muy pocas clases. Del Sevilla han venido para impartir conferencias Monchi; el jefe de los psicólogos, Miguel Morilla; Víctor Orta… También ha venido gente del Athletic, del Real Madrid, etcétera.

-¿Le sorprendió que Del Nido le asegurase que le guardaba su puesto hasta que se retirase como futbolista?

-Mi relación con el presidente siempre ha sido de sobresaliente, lo digo sin peloteo. De capitán he tenido más disputas, más charlas con él que el resto de los compañeros, y fue ahí donde apareció el respeto. Claro, es el jefe y cada uno está en su lugar.

-Como el primer día de pretemporada en el que los jugadores se plantaron.

-Ese día fue muy delicado, cada uno tenía que defender su papel. De no haberlo hecho hubiera sido un cobarde y nunca me lo hubiera perdonado. No se trató de putear a nadie, ninguno quiso pisotear al otro. Eso, igual, nos sirvió para unirnos más. Cada uno defendía sus intereses y ya está. Nosotros queríamos que ningún futbolista fuera privado de ir a Isla Canela. Y bueno, con respecto a mi vuelta a Sevilla, tanto el presidente como el consejo pensaron que podía ser una persona válida para el club; me llenó de orgullo. Sé cómo es el fútbol por dentro y no es muy normal que te den esa oportunidad.

-Roberto Alés me dice que es usted un caballero.

-En las distancias cortas… El día que lo conocí no me hizo falta más para saber cómo era. Tenía las ideas muy claras, no se escondía y te decía lo que pensaba tranquilamente a la cara. Fue una de las personas que me enganchó al sevillismo. Recuerdo cuando me llamó el Sevilla… Vi el sol de nuevo. Venía de una situación muy complicada, no me había encontrado en el Mérida con un presidente como Roberto Alés, allí era más como un bandolero. Y pensé que ya no merecía le pena… Pero llegó el Sevilla, la ciudad, el equipo, fue ver el sol y disfrutar como nunca lo había hecho antes con el fútbol. Fue Marcos, el que jugó en el Sevilla, el que me dijo que había interés… Estábamos juntos en el Mérida. Él conocía a Monchi, a Manolo Jiménez… Por ahí me llegó la noticia. Y hasta hoy…

-¿Qué le ha dado el Sevilla?

-Muchas cosas, no te lo sabría decir con palabras… Llegué con una edad futbolística alta, me encuentro al equipo en Segunda, pero con un mismo fin, el crecer poco a poco. Encontré gente profesional que quería ser grande otra vez. Y hoy tengo un hijo sevillano, una pareja sevillana. Es como los árboles, salen las raíces y luego es difícil despegar.

-Porque usted era antes del Zaragoza.

-Soy aragonés y mis padres me llevaban a La Romareda a ver al Zaragoza… Allí es donde está mi familia, donde me hice hombre, y de eso no puedo renegar, ni quiero. Aunque ahora el Sevilla me tira más…

-¿No echará de menos ahora a los comités sancionadores de la Federación?

-Pues… cuando te dan caña es porque estas ahí, en el fragor de la batalla. Ahora me van viendo como el abuelo cebolleta. Aprendo mucho de esta situación nueva, cuando uno molesta y planta cara. Si vas a quitarle una parte del pastel a los que siempre se lo han repartido, como ocurrió en el Bernabéu ante el Madrid, es muy molesto. Saben que toca menos para repartir y empiezas a dejar de ser simpático. Empiezas a ser rival.

-¿Qué compañeros de los que ha tenido en su carrera le han llamado más la atención?

-¿De los compañeros? En mi época en el Barcelona, pues Laudrup, Koeman, cuando llegó Ronaldo… Era un espectáculo verlo entrenar. También Kiko en el Atlético de Madrid; Juan Señor en Zaragoza,. y de la última época, el negro, Baptista. Nos dijeron que era mediocentro defensivo y marcó 50 goles en dos años…. También Sergio Ramos y Reyes, cuando los vi lo pensé: estos chavales no duran aquí ni dos días. Los demás íbamos en un buen coche, Sergio y Reyes iban en reactor.

-¿Para cuándo escribirá su autobiografía?

-Pues es verdad que me lo han propuesto, ya veremos. Hay muchas cosas para contar, anécdotas personales, etcétera.

-De personajes, los entrenadores, supongo.

-De por sí ya son raretes, personas solitarias. Es la labor más complicada del fútbol. Llevar a un grupo de 25 ó 30 futbolistas, en el que cada uno se cree que es una estrella, no puede ser fácil. Son personas desconfiadas, es normal, hay tanta gente deseando su puesto, todo el mundo entiende de fútbol… Es una profesión para hacer un trabajo psicológico importante.

-Joaquín Caparrós.

-Es muy supersticioso, sacaba el máximo de cada uno. También está Johan Cruyff… No he visto un entrenador como él. Era superlisto, se le notaba. Cuando los demás iban él había vuelto dos veces. Sabía lo que le iba a preguntar, lo que iba a responder. También Radomir Antic, Nando Yosu, Jabo Irureta…

-Si su hijo quisiera ser futbolista, ¿qué preferiría? ¿Que fuera defensa o delantero?

-Delantero, claro, claro. Los defensas somos como la salud. Cuando estamos bien, no se nota; cuando fallas dices "vaya agujero". El delantero es el que se cotiza. Imagino que en su vida hará lo que quiera, ante todo pido que sea buena persona, luego tendrá muchos caminos.

-¿Hasta qué punto es importante la educación para un futbolista?

-Es importante para la vida, no para el futbolista. En la Universidad aprendes mucho de una cosa, eso está bien, pero luego hay más cosas. Hay muchos matices que aparecen en la vida, saber enfocarlos, relacionarte con los demás, una formación en un conjunto global.

Redacción

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