Rafa Jaén: «Además de cansado, acababa ronco cada partido»

Por  20:51 h.

Sevilla FC: Rafa Jaén vistiendo la camiseta sevillistaCordobés, ex capitán, y sobre todo, arte, el que tenía Rafa Jaén para animar a sus compañeros.

—Estuve hace cinco años en el Córdoba como director deportivo; lo dejé porque el fútbol de hoy en día no me gusta. Me refiero al entorno, vi lo que me rodeaba y no me gustó, a mí no me maneja nadie. Decidí dejarlo.

—¿Y ahora?

—Con el día a día. Estuve con un negocio de joyería, viajando para ver a clientes. Yo soy persona de calle, no puedo estar encerrado, paso mucho tiempo de un lado para otro; cuando lo paso mal es en verano, con el calor. Empiezo a sudar y no paro. Ahora, en invierno, disfruto, no me pongo ni abrigo… Si es que yo jugaba en Burgos, en Bilbao y me remangaba las mangas. Yo sudaba la camiseta, ¿eh?

—Así lo nombraron capitán, ¿verdad?

—Eso es, si a mi los entrenadores me asignaban unos deberes… Recuerdo a Carriega diciéndome: «Rafa, el domingo tenemos un partido muy importante y necesito que hables con los jugadores». Yo me preparaba, por ejemplo, con Enrique -Montero-, que tenía un carácter que a veces se dormía un poquito. Buscaba el momento, yo que sé…, en el entrenamiento o tomando una cervecita y le decía: «Escucha una cosa Enrique, el partido del domingo es muy difícil y tú puedes hacer que ganemos, eres mi compañero y te lo digo». Si es que así nos mentalizábamos durante la semana, nos metíamos en el partido, hablábamos y hablábamos. ¡Ahora hay cosas que me dejan asombrado! Veo en la televisión cómo van bajando del autobús los futbolistas para jugar un partido y van todos con unos pinganillos, están enchufados, los futbolistas ni se conocen, llegan al campo, se visten, juegan y se van. Así no… ¡Ni hablan en el campo! Yo… además de cansado acababa ronco cada partido.

—¿Qué tal con los árbitros?

—Fatal. Mal, de verdad. Me he llevado muy mal con ellos. Fíjese que un día, cuál sería mi fama, que cuando yo jugaba en el Granada, un árbitro que se llamaba Camacho me llamó para firmar el acta del partido y me dijo. «Yo soy amigo de tu padre, no me vayas a echar a la gente encima, tranquilízate Rafa…». Y sí, ahora, con los años, me doy cuenta de que los árbitros llevaban razón. ¡Yo es que era muy temperamental! ¡Uff! Vivía el fútbol muy intensamente, si perdíamos un partido se lo decía a mi mujer: «¡No salgo de casa!». Me daba vergüenza, era un loco. Ahora… tengo un nieto de tres años, que creo que me va a salir futbolista. Tiene la equipación del Sevilla. Me entra algo tremendo cuando lo veo vestidito. Lleva el nombre de Jaén, con el número 4.

—Jaén, con el número cuatro. ¡Vaya época!

—Muchas historias, muchos recuerdos, muchos nombres… Me acuerdo de Eugenio Montes Cabeza, de los días que me tocó negociar con él las primas, del partido que el Real Madrid nos ganó por cero a uno con gol de Breitner; bueno, digo gol porque subió al marcador, no porque lo fuera. ¿Se acuerda? Que el árbitro lo dio por válido y eso que entró por el lateral de la red. ¡Cómo estaba la afición después del partido! Gritando contra el árbitro, contra el Madrid y diciendo: «Sevilla, Sevilla, Sevilla…». ¡Había acabado el partido y la gente no se iba! Fue el momento en que unos compañeros, ya en el vestuario, me dijeron: «Anda, Rafa, habla con el presidente a ver si nos da la prima! Yo estaba en la ducha y en esa llega don Eugenio. Salí enjabonado y le di un abrazo. Le dije. «Presidente, ¿vio el partidazo que hicimos?» Me miró, claro, yo estaba aún enjabonado, con cara de extrañado y me salió con un «suelta, suéltame, ¿qué es lo que te pasa?, ¿qué es lo que quieres?» Miré a mis compañeros, muchos de ellos en la ducha y con la cabeza por fuera mirando, y se lo dije: «Don Eugenio, coño, denos la prima que hemos hecho un partidazo, ha sido injusto perder así». Primero me dijo que no; luego, también que no; a la tercera, después de tanto insistir, nos dio el sí. Con don Eugenio teníamos una relación increíble, y ojo, no lo digo por esto de las primas que no deja de ser una anécdota, lo digo por el trato que tenía con los jugadores. Hace, creo que seis o siete años, me llamó Julián Rubio y me dijo: «Rafa, mira, nos hemos enterado de que los martes don Eugenio va a comer a un restaurante muy cerca del ayuntamiento que yo conozco». Pues eso, el martes nos presentamos Paco, Pablo Blanco, Paco Gallego, Julián, Lora y muchos más… y le dimos una sorpresa. ¡Todavía me acuerdo de su cara! ¡Si lo hubiese visto llorando! ¡Y nosotros también! Fue uno de los días más felices de mi vida, estábamos todos juntos otra vez. Con don Eugenio, preguntándonos cómo estábamos, como si hubiéramos vuelto a ser futbolistas. Recordamos muchas anécdotas…

—Recuerde, recuerde…

—De cuando un día, al volver de Vallecas, le hicimos una sevillana a Paco. Ese día perdimos y Súper estuvo regular. La canción era algo así como: «San Fernando, pueblo de las cagadas…». Paco se reía, qué alegría el ambiente que vivíamos. Otra historia para morir es la de Yiyi, "la mona". Es que nosotros lo llamábamos así. En la ciudad deportiva había un señor que siempre estaba allí, cuidando aquello, y resulta que tenía un perro de esos grande, chato… A Yiyi se le ocurrió una mañana, antes de entrenar, darle en sus partes con el pie… ¡Si viera el perro, lo único que le faltaba cuando veía a Yiyi era comprarle un piso! ¡Parecía que veía a su hermano! Claro, Yiyi ya no se libraba. Todas las mañanas, antes de entrenar, ya le daba un toquecito con el pie… ¡Qué cosas! Y también estaba Biri Biri. Yo fui el segundo goleador porque era el que tiraba los penaltis. Con su forma de hablar, lo queríamos tanto…, me decía cada vez que tiraba un penalti: «Tú eres un tunante, para ti las palmas y para mí las patadas…». ¡Era verdad! A él le hacían los penaltis y yo los tiraba.

—Porque usted era el especialista, ¿no?

—Bueno, si yo le contara…

—¡Cuénteme!

—Fue en mi primer año, comenzamos la pretemporada y Roque Olsen, que era el entrenador, creo que fue a los pocos días, dijo: «Bueno, venga, hoy empezamos con los penaltis. ¿Quién quiere tirarlos?» Todos nos callamos. Bueno, sí, me acuerdo que Baby Acosta sí los tiraba…, pero vamos, fue una situación extraña porque ahí estaba Roque Olsen esperando… Y yo le dije: «Míster, una cosa, yo no he tirado nunca los penaltis, pero si quiere… yo puedo hacerlo». Así empecé, me contó algunas experiencias suyas de cuando él los tiraba en el Real Madrid, y me hice tirador de penaltis. También tenía otra cosa que hace poco me recordó Del Nido.

—¿El qué?

—De la jugada que hacíamos cuando íbamos ganando. Cuando yo iba a recoger la pelota y, para perder tiempo, le daba con la puntera para que se fuera más lejos… ¿Entiende? Adelantaba el pie, le daba al balón y arañaba unos segundos. Estaba todo preparado, mis compañeros lo sabían, y el árbitro se pensaba que yo era un torpe, que me estaba tropezando. Claro, algún compañero mío me miraba y se reía, me imagino que le daría gracia, que no podía evitarlo.

—El que no ha podido evitar pasarlo bien hablando con usted he sido yo. Muchas gracias.

—Gracias a usted, y escriba por favor que aunque Córdoba es mi tierra y la quiero, siento como un sevillano y sevillista más.

—Así se hará.

Redacción

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