Zamorano: «Aprendí a bailar sevillanas en El Rocío»

Por  0:38 h.
Sevilla FC: Zamorano junto a Roberto Arrocha en un momento de la entrevista
Hablar en Chile de Iván Zamorano es como hablar en Argentina de Diego Armando Maradona o en Brasil de Pelé. Y cualquier cosa que él diga puede tener sus consecuencias. Lo sabe. Mide sus palabras. Le inquieta salirse de su guión.
— Bajé del avión y hacía por lo menos 50 grados, bueno, igual 45. Para mí era lo mismo. Llegaba de un sitio muy frío, en St Gallen, Suiza, y me encontré con un calor tremendo. Era Sevilla.

—¿A qué "huele" Sevilla?

—A alegría, huele a vida, a ganas de vivir, huele a eso que a veces algunos se pueden olvidar. Todo lo que representa Sevilla tiene algo especial, la Semana Santa, la Feria…

—¿Aprendió a bailar sevillanas Iván Zamorano?

—Sí, claro, en El Rocío. Me invitó una vez una familia y allí me inicié.

—¿Qué más hacía Iván Zamorano en Sevilla, además de jugar al fútbol, claro?

—¿Qué hacía? Dónde me llevara Diego Rodríguez. Vivía en San Francisco Javier, muy cerca de Nervión, y a veces me venía a buscar. Era prácticamente lo que hacía, pues yo era muy casero. Casi todo el tiempo estaba en mi casa con mi madre, mi tía y mi hermana. Pero si Diego me llamaba… pues iba. Nos marchábamos a comer algunas tapitas. Diego es espectacular. Luego, siempre, después de comer, se iba al gimnasio. Yo no me lo podía creer. Se entrenaba por la mañana, comía, y luego se iba al gimnasio. Yo lo acompañaba, pero sólo eso, porque a mí lo que me tocaba era la siesta.

—¿Cómo fue la niñez de Zamorano?

—Fue muy bonita, una vida muy alegre… hasta que a los 13 años, con la pérdida de mi padre, se nos complicó todo. Sin el padre, sin el que da la plata para comer, para tener una educación, todo se vuelve mucho más difícil. A mi padre le dio una peritonitis. Nos vimos de repente con unas necesidades a las que no estábamos acostumbrados. Siempre le estaré agradecido a mi mamá por el esfuerzo que hizo.

—El agradecimiento, esa palabra que sirve para reconocer a la gente que ha sido importante en nuestras vidas, ¿verdad?

—Sí, sí, a mucha gente le debo tanto. En el Sevilla, a Rosendo Cabezas, a Luis Cuervas, a Víctor Espárrago. Aparecen muchos nombres por cada lugar en el que estuve. Yo entiendo que se me puede conocer mucho más por mi paso por el Real Madrid, con el pichichi y la Liga. Pero sin el Sevilla, que me dio la oportunidad, eso no hubiera pasado. Y no me olvido, no quiero olvidarme. En Andalucía conseguí la madurez.

—¿Hubiera preferido jugar en el Sevilla actual?

—Es que eso no lo pienso. Son etapas distintas. Ahora el Sevilla no sólo pelea por el Campeonato Nacional, sino en Europa, algo impensable en mi época.

—¿Quiénes eran los mayores "personajes" del vestuario?

—Monchi, Diego, Prieto, "Chuti" Andrades… Había varios con mucho salero.

—¿Y a qué se dedica ahora Zamorano?

—Estoy inmerso en un proyecto muy bonito, con una escuela que sirve para ayudar a los niños con alto riesgo social, niños que pueden encontrar en el fútbol una forma para escapar de la droga, el alcoholismo o la delincuencia juvenil.

—Para un hombre de éxito como usted, ¿cuánto vale el dinero?

—No lo es todo; hay mucha gente con mucha plata y son infelices, seguro. Hay personas ricas desgraciadas, sin sentido en la vida. El cariño, el amor de mis hijas, eso sí lo valoro mucho más.

—¿Cuántas hijas tiene?

—Y viene un "Ivancito" en camino; mi mujer está embarazada de ocho meses y medio y es varón. ¡Ah! Tengo dos niñas, es lo que me mantiene motivado, los proyectos que tengo en mente también. Ahora aprendo del tiempo libre, de un fin de semana sin presión, disfrutando, sin necesidad de hacer nada. Sólo eso. Por ahí que no he cambiado del Iván Zamorano de antes de ser futbolista. Más maduro, eso sí, y cambiando mis prioridades, sigo siendo sencillo, humilde y valoro mucho la amistad.

—Muchos son los amigos que ha dejado en Sevilla.

—Salúdemelos de mi parte, por favor.

Redacción

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