0-3: ¡Sí, sí, sí…!

Por  22:57 h.

ImageEl Sevilla tiene los dos pies en la finalísima de la Copa del Rey, a falta tan sólo de jugar la vuelta en el Ramón Sánchez-Pizjuán ante un rival que, visto lo de hoy, parece muy complicado que vaya a complicarle el pase al Sevilla. Un primer cuarto fulgurante, con el espíritu de Londres de matar el partido al primer cuarto de hora, y a mantener el partido para redondearlo en el último minuto de penalti. Kanouté, Jesús Navas -renacido ante Caparrós, su mentor- y Luis Fabiano ponen al Sevilla en dirección a la final que, a priori, se jugará en Madrid ante el FC Barcelona.

El conjunto nervionense saltaba al césped con la idea de ganar el partido. Jugando el balón, dominando el centro del campo y saliendo velozmente tanto por el centro como por las bandas, el Deportivo se veía desarbolado por completo por los sevillistas, que iban haciendo méritos para hacerse acreedores del gol. Un premio que llegó, como en Londres, cuando algunos aún buscaban su sitio para ver el partido.

Jugada por la banda izquierda que cae en los pies de Kerzhakov. Pletórico el ruso, que amaga el pase exterior a Adriano pero que habilita a Kanouté quien, al primer toque, la pone imposible para Munúa. Aún no se había roto a sudar, y el Sevilla ya ponía tierra de por medio, siguiendo al pie de la letra el guion de Londres.

El Deportivo salió enrabietado desde el saque de centro, abriendo espacios y sin mirar atrás, lo que aprovechó el Sevilla para ampliar la ventaja. Un centro al área sevillista cuyo despeje cae en Alves, que conduce por banda derecha y ve la entrada en diagonal por el centro de Navas, a quien da un pase en profundidad y, tras deshacerse de la oposición de Munúa, marca a puerta vacía.

Se le ponía todo de cara al Sevilla, que seguía creando ocasiones y muchas con peligro de gol. Navas, renacido de sus cenizas después de varios partidos sospechosos, volvía a probar fortuna tras una buena jugada, pero su disparo chocaba en el portero.

Eso por la banda derecha. Por la izquierda el brasileño Adriano, renqueante tras un golpe con Arizmendi, también quería sumarse a la fiesta, pero tras un buen quiebro a su par centró raso para Kerzhakov con la pena de que se adelantó un defensor blanquiazul.

Ya en la segunda mitad el Sevilla se dedicaba a vivir de las rentas obtenidas, lo que en ocasiones daba la impresión de que venía incluido en el guion asumido de la vuelta en White Hart Lane, donde también se sufrió en la segunda parte. Sin embargo, nada que ver con aquel peligro: el Deportivo se mostraba incapaz de crear un mínimo peligro, pese a su dominio de la pelota en el centro del campo.

Los minutos transcurrían, el ataque del otrora ‘Superdépor’ apenas inquietaba a Cobeño -espectacular mano del guardameta a remate ajustado de Taborda-, y el Sevilla que de vez en cuando se prodigaba con peligro, pero la relajación se mostraba por momentos en los sevillistas.

Ya al final, tras un par de actuaciones interesantes de Luis Fabiano -que acababa de sustituir a Kerzhakov-, un centro al área de Daniel Alves era despejado por Andrade con el brazo, detalle que no se le escapó al colegiado Rodríguez Santiago para señalar el punto fatídico de los once metros, distancia que el brasileño venido del Oporto no perdonó.

Fue entonces cuando se reprodujo la algarabía, euforia y delirio que los más de mil sevillistas desplazados habían contenido a media voz durante el partido. Una afición, un club, que vive sus mejores tiempos en mucho tiempo, y que después de este resultado de 0-3 prácticamente puede cantar sin miedo aquello de “¡sí, sí, sí, nos vamos a Madrid!”

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Redacción

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