2-0: “¡…nos vamos a Madrid!”

Por  22:44 h.

ImageEl Sevilla certificó su pase a la final de la Copa del Rey, algo que no lograba desde hace 45 años, cuando aún se llamaba Copa del Generalísimo. Cuando algunos aficionados ni siquiera se habían acomodado Duda marcaba un golazo de falta, un misil desde 30 metros que se colaba por la escuadra de Munúa. También muy bueno fue el gol de Chevantón, que sigue en progresión y lleva cuatro partidos seguidos marcando. Buen juego del Sevilla en general, que sin forzar la máquina volvió a vencer a un Deportivo que no fue rival de este rodillo en toda la eliminatoria.

No se puede decir que los Diéguez, Enrique Mateos y compañía fuesen los últimos que llevaron a una final al Sevilla, porque eso ya lo hizo este equipo, y lo superó, hace exactamente un año con la final de la Copa de la UEFA de Eindhoven. Tal es el momento que atraviesa este equipo, y la superioridad con que se deshace de los rivales, que incluso la grada, la fiel afición que acompaña a este equipo, se contagia hasta el punto de que la vuelta de semfinales de una Copa del Rey se viva con la misma intensidad que un partido de presentación ante el equipo de turno.

La tropa de Juande Ramos hace mucho que se ganó todos los elogios posibles, pues este equipo, al que apenas se le daban opciones para un título, parece empeñado esta temporada en rebatir a los más incrédulos. No sirve de nada que se esté todo un año en tres competiciones, ni ser el equipo que más partidos ha jugado de España, porque la máquina sevillista -ese “rodillo” como lo calificó ese sevillista y rival por un día como Joaquín Caparrós- no se detiene ante nada.

Da igual que juegue en la delantera el suplente del suplente -como siga a ese ritmo a ver quién le quita una camiseta de titular más pronto que tarde- con un canterano aún por pulir, ni que en la izquierda lo haga un portugués desaparecido en combate, porque entre los tres se las aviaron para desarbolar al otrora Superdépor en 45 minutos.

Primero el luso con un trallazo a la escuadra de Munúa -apunten su nombre para el equipo del sábado ante el Recre-, después una jugada tras otra de peligro del de La Palma del Condado, y por último un fallo y un acierto del “pelado, feo y tatuado” como él mismo se definió, y se acabó el rival. 2-0, que más el 0-3 de la ida permitía que el joven argentino Fazio se estrenase ante su público ante un tanque como Taborda… y le ganase la partida. Es lo que tiene este equipo, que juegue quien juegue lo hace bien, y todo gracias a un entrenador que en un principio fue muy cuestionado y estuvo al borde del cadalso a comienzos de la temporada pasada, cuando salvó un punto in extremis ante el rival del 16 de mayo en Glasgow.

De ahí al final escaramuzas de uno y otro bando, carrusel de cambios y final de un partido sin más historia en el que ni el árbitro quiso hacer sangre al no descontar nada. Otra victoria, otra vuelta al campo, otra final, y otra vez la grada coreando aquello de “¡vamos mi Sevilla, vamos campeón!”. Que siga la fiesta. Y que dure, por lo menos, hasta Madrid.

{moscomment}

Redacción

Redacción