Acosta escapa de su mal fario

Por  9:00 h.

El Sevilla acaba de hacer oficial la cesión de Lautaro Acosta al Racing de Santander por la presente temporada. Tras observarlo en la primera parte de la pretemporada, el cuerpo técnico ha decidido que esta opción es la mejor tanto para el club como para el futbolista, quien, probablemente, en el conjunto de Nervión no iba a tener los minutos de juego que precisa después de tres aciagas campañas en las que ha pasado prácticamente inadvertido por culpa de unas eternas molestias en su tobillo derecho.

Desde luego, el caso de este atacante, de 23 años, rebasa los límites de la normalidad. En el verano de 2008, el Sevilla pagó por él unos siete millones de euros al Lanús, equipo con el que acababa de proclamarse campeón de la liga argentina. Llegaba, además, con la vitola de ser una de las más firmes promesas del fútbol argentino, como avalaba el hecho de que formara parte activa de la selección albiceleste que consiguiera la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Sin embargo, nada más recalar en el Sánchez-Pizjuán se torció su tobillo y su carrera. Lo que comenzó siendo un esguince sin mayores complicaciones aparentemente, resultó ser el comienzo de un calvario que se prolongó durante más de dos años. Sus números en la Liga hablan por sí solos: 23 partidos en tres temporadas, ningún gol y menos de mil minutos de juego. En Almería, en un choque en el que era el único delantero disponible, jugó 87 minutos, su récord. A principios de la campaña pasada encadenó su mejor racha de participación: disputó cuatro partidos en cinco jornadas. Sólo marcó dos goles oficiales con la camiseta del Sevilla; el más recordado, el que dio la victoria (2-1) sobre el Athletic de Bilbao en la ida de las semifinales de la Copa del Rey de la temporada 2008/2009. Gustó, y mucho, su actuación aquel día, el único en el que pudo demostrar el por qué de su fichaje.

Por la lesión, Acosta nunca tuvo continuidad. Se desesperó tanto que llegó a manifestar que tenía pesadillas sólo por escuchar la palabra tobillo. Dijeron que su problema era más psicológico que físico, pero el jugador aseguraba que el tobillo no dejaba de molestarle. Al principio lo trató un quinesiólogo argentino; luego, Mikel Sánchez, quien lo operó en Vitoria en noviembre de 2009. Hace unos días no midió sus palabras y llegó a asegurar que, en su caso, hubo negligencias por parte de los antiguos servicios médicos del club.

Este año jugará en el Racing, club que, a duras penas, trata de hacer un equipo digno tras la impresentable desbandada del presunto millonario indio Ali Syed. Si el tobillo le deja tranquilo y un compatriota suyo, Héctor Cúper, le da una camiseta de titular en un buen número de partidos, el sevillismo saldrá de dudas en torno a Acosta, objeto de duras (y puede que injustificadas) críticas.