Álvarez, más en la picota que nunca tras las críticas de Del Nido al equipo

Por  0:30 h.

Antonio Álvarez, técnico de la casa como su antecesor, llegó al cargo de primer entrenador del Sevilla por la puerta de atrás, después de la meditada negativa de Luis Aragonés a aceptar las condiciones que le proponía José María del Nido para hacerse cargo de la plantilla en sustitución del vituperado Manolo Jiménez. Esa solución interina y que fue acogida con satisfacción por la vieja guardia de la plantilla, que conoció su lado amable como segundo de Joaquín Caparrós y de Juande Ramos, se está demostrando con el paso del tiempo como ineficaz, por mucho que acabara resultando exitosa al término de la pasada campaña con la consecución in extremis de la cuarta plaza en Liga y la vibrante obtención del título de Copa ante el Atlético de Madrid. Del Nido, llevado por la corriente favorable que acarrearon ambos logros y por la propia opinión mayoritaria de la plantilla, accedió a darle también las riendas del equipo para la temporada en curso, aunque a nadie escapa que con mal disimulado entusiasmo. De hecho, varias veces le ha trasladado a los hombres fuertes de la plantilla que tenían al entrenador que habían pedido y que de ellos dependía ahora que tan arriesgada apuesta —en lo deportivo que no en lo económico— por un técnico sin experiencia como máximo responsable se viese coronada por el éxito. Pese a que el equipo podía haber dormido ayer como líder de la Liga BBVA, lo cierto es que las sensaciones que desprende su juego tras haber disputado ya nueve encuentros oficiales son muy preocupantes.

Su juego tiene notables lagunas en todas sus líneas. Falta contundencia en defensa, pese a la que aporta Martín Cáceres. El centro del campo no ha mejorado por ahora lo que ya había con los fichajes de Guarente y Cigarini, no anda fino por los extremos —Navas, ahora lesionado, ha pagado pronto su escaso descanso veraniego; mientras Perotti, el mejor del equipo con todo, abusa de las jugadas individuales y acaba agotado los partidos— y con escasa puntería en sus delanteros de referencia (Negredo sólo ha anotado de penalti, Luis Fabiano no juega apenas y Kanouté no está para jugar mucho). A todo ello hay que unir la preocupante sensación de desfondamiento físico que está dando el equipo cuando sólo lleva seis semanas compitiendo. Álvarez se esfuerza por hacer ver que cuenta con total autonomía para realizar su trabajo, pero algunas decisiones que está adoptando tienen difícil justificación y se están revelando como estériles y contraproducentes. El técnico ya no cuenta con el favor de la grada, aunque su impopularidad no alcance la que rodeó a Jiménez en su última temporada.

La pérdida de la Supercopa y, sobre todo, quedar apeado de la Champions y de la forma que lo hizo lo dejó muy tocado dentro del club. La situación entonces parecía abonada para un relevo en el banquillo —surgieron los nombres de Gregorio Manzano y Manuel Pellegrini como candidatos a suplir al técnico de Marchena—, pero el 1-4 cosechado ante el Levante pareció salvarle. Con el parón liguero se apaciguaron los ánimos, que tampoco se crisparon con el empate ante el Deportivo, ya que las sensaciones que en ese choque dejó el equipo fueron ligeramente esperanzadoras. Un espejismo que no tuvo su continuidad ante el París Saint-Germain. La victoria en Málaga volvió a resultar providencial para que Antonio Álvarez no inaugurara la nómina de técnicos destituidos en la Liga BBVA en el presente curso. Lo visto ante el modesto Racing ha vuelto a engordar la relación de argumentos tendentes a la conveniencia de cambiar el rumbo del equipo relevando a su máximo responsable técnico. El calendario está jugando (por la acumulación de partidos en pocos días y la teórica debilidad de los rivales) de salvavidas para Álvarez, pero las declaraciones de Del Nido tras el más que preocupante empate ante el Racing pueden resultar significativas. «Hay que rectificar. Los técnicos son los que trabajan con los jugadores, el presidente poco puede hacer, sólo faltaría que cogiese la pizarra y la tiza», señaló en la Cope.

En el horizonte cercano, además de la visita al Hércules, el viaje a Alemania para medirse al Borussia de Dormund, actualmente segundo en la Bundesliga, y el posterior partido en Nervión ante el Atlético de Madrid. De no salir airoso el equipo, en resultados e imagen, de estas dos salidas es más que probable que Álvarez no se vuelva a medir a Quique como hiciese cuatro meses atrás en la final de Copa en el Camp Nou. Si hay relevo las miradas ya no se centrarán en el banquillo y apuntarán más alto, pues la política de fichajes del club hace tiempo que viene siendo manifiestamente mejorable.

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