Ben Yedder disputa un balón con el jugador del Bayern James (Foto: AFP)
Ben Yedder disputa un balón con el jugador del Bayern James (Foto: AFP)

Bayern Múnich-Sevilla FC: Cumple con dignidad, cae por falta de pegada

Los de Nervión dicen adiós a la Liga de Campeones

Por  10:10 h.

Cualquier sevillista hubiera firmado en verano, sobre todo después de entrar in extremis por el famoso balón al palo del Estambul Basaksehir, el caer en los cuartos de final de la Liga de Campeones ante el Bayern Múnich. Por lo tanto, pocos reproches se le pueden hacer a los de Nervión, que soñaban con la gesta, pero que, realmente, nunca estuvieron cerca de noquear a los alemanes. Aun así, y como es lógico, esta participación será recordada con el tiempo. Entrará en la historia de los éxitos del Sevilla por la eliminatoria a la que llegó y por las formas. Y es que la épica de Old Trafford o la primera parte de la ida contra el Bayern son de esos momentos soñados por todo aficionado al fútbol. Es decir, el sevillista dice adiós a la mejor competición del mundo, pero lo hace con orgullo después de ver cómo los suyos lo han dado todo. Eso no fue suficiente. Le dio para caer con dignidad, pero sin pegada es imposible cargarse a un rival como el que tenía enfrente. Y menos si comienzas perdiendo 1-2. El sueño se acabó y, lo que es peor, la próxima temporada no se podrá repetir por la clasificación en LaLiga, pero está claro que todos desearían caer así cada vez que toque pelear con los mejores equipos del Viejo Continente.

No hubo hazaña. Ni siquiera estuvo cerca, pero la realidad es que el sevillista siempre tuvo opciones de ello. Se lo fue creyendo con el paso de las horas en la previa. La mayoría de los que viajaron lo hicieron para vivir una experiencia que, quizás, no se vuelva a repetir, pero lo hecho por la Roma contra el Barcelona trasladó un pensamiento a casi todos: ¿Por qué no? Y con esa misma idea saltó el equipo al Allianz Arena. Vincenzo Montella apostó por su once de gala, aunque incluyó en él a Ben Yedder por Muriel. Quizás la entrada del francés no fue la mejor opción viendo, sobre todo, la alineación de los locales y dónde se iba a colocar su defensa, pero lo cierto es que el Sevilla salió bien. Fue valiente. Pensó que era posible y, aunque el Bayern hizo mucho daño por las bandas, sobre todo por la de Escudero con un Robben incansable, los de Nervión también lo intentaron por las alas con Navas como estilete. Eso sí, faltó conexión entre líneas, porque ni Banega ni Franco Vázquez tuvieron su día. Aun así, y tras una falta inicial de Mercado que pudo costarle la roja directa, los de Montella, que reclamaron un penalti por manos de Boateng, pudieron marcar. Sarabia y Correa, en dos acciones muy cercanas, no acertaron en la última intervención, como tampoco lo hizo Escudero antes de que el Bayern reaccionara y comenzara a finalizar sus múltiples acercamientos. Hummels, Ribery y Robben pudieron inaugurar el marcador antes del minuto 40, cuando Navas salvó en línea del gol lo que sí parecía que iba a ser el 1-0. Aun así, a pesar del empuje local ante un Sevilla que bajó la intensidad tras los primeros treinta minutos, la última ocasión fue para los visitantes, pero Sarabia no acertó.

La sensación que quedaba al descanso era la de casi siempre: sin acierto de cara a la portería contraria es imposible. Aunque también es verdad que quedaban 45 minutos por delante para seguir soñando. Pero los sevillistas despertaron pronto. Si desde la media hora de partido fue el Bayern el que dominó, tras el paso por los vestuarios el cuadro alemán jugó con más suficiencia. Se bastó con un Javi Martínez imperial en el centro del campo, un Hummels que cortó los pocos intentos de los de Montella y un Robben que amargó la noche a Escudero. No marcó, pero sí dio la sensación de jugar en función del resultado de la eliminatoria. Y aunque el técnico italiano intentó reaccionar a base de sustituciones, ninguna cambió la dinámica. Sarabia, Franco Vázquez, Correa y hasta Banega parecían haber desconectado por el cansancio, lo cual ya fue un lastre insuperable para un Sevilla que, eso sí, se vio con opciones cuando Correa estrelló el balón en el larguero a la hora de partido. Pero fue algo aislado, una acción que ni siquera dio confianza para que los visitantes buscaran con más fuerza la portería rival. Es más, con el paso de los minutos las pocas opciones de épica desaparecieron de la mente de los seguidores de Nervión, que se dedicaron a cantar y animar en la recta final como señal de reconocimiento a lo que habían hecho los suyos en esta Liga de Campeones. Para colmo, casi no se jugó en el último tramo. El Bayern tiró de experiencia y fue perdiendo tiempo, justo antes de que Correa se autoexpulsara y se acabara el partido.

Las despedidas nunca son felices, pero sin duda que el sabor que le queda al sevillista es de haber cumplido con creces durante toda la competición y, sobre todo, en la eliminatoria ante el gigante alemán. Pero eso, como casi todo en el mundo del fútbol, ya es pasado, ya es historia. El Sevilla tiene que levantarse lo antes posible y recuperar el pulso en LaLiga, si no quiere jugarse a una carta en la final de la Copa el estar la próxima campaña viajando por el Viejo Continente. La nota de su paso por Europa es alta, un sueño para muchos, pero ahora toca volver al día a día de la competición doméstica para intentar volver cuanto antes a pelear con los mejores del mundo. Es pronto para hacer balances, al Sevilla le quedan por delante siete jornadas y una final.