Beto, ayer, con la selección portuguesa
Beto, ayer, con la selección portuguesa

Beto: «Colgué mi medalla en dos estatuas, dos budas, a los que llamo Biris»

El meta vio de nuevo el partido en Lisboa... ¡con sus amigos del Benfica!

Por  4:03 h.

El gran héroe del sevillismo en la final de la Liga Europa ante el Benfica en Turín, Antonio Alberto Bastos Pimparel, Beto, ya se encuentra concentrado con la selección de Portugal para preparar el Mundial. Está digiriendo aún lo que ocurrió esa noche mágica del 14 de mayo en el Juventus Stadium. Y lo hace analizando y recordando con ABC la gesta. Cómo no, con ese español/andaluz que le caracteriza.

—¿Sabe cuántas veces he visto el partido completo, desde el principio hasta que Kevin (por Gameiro) marca?

—¿Ninguna?

—No, no. Claro que lo he visto. ¡Dos veces! También he visto los resúmenes, los penaltis, pero entero, entero… dos. El lunes por la noche reuní a todos mis amigos y mi madre en el restaurante que tengo en Lisboa. Se llama Verde Minho. Y allí, en las televisiones que hay, pusimos el partido. El problema es que la gran mayoría de mis amigos son del Benfica. Bueno, yo creo que todos. Igual hay alguno que se libra (se ríe). Lo vivimos como si se estuviera celebrando en ese momento. Lo de los penaltis fue espectacular. Tenía que ver a mi madre saltando emocionada agarradita a su bufanda del Sevilla. No la soltaba la pobre. Estaba temblando.

—Mucho sentimiento, ¿no?

—Es que también fue curioso porque una televisión de aquí de Portugal acompañó a mi madre durante el partido. Y lo vi el lunes con ella. La estaban grabando en todo momento. La pobre sufrió mucho. Menos mal que ya está conmigo y que salió bien.

—¿Qué sintió cuando ganó la final?

—¡Uff! Me derrumbé. Fue como una descarga. No podía parar de llorar. Me entraron unas sensaciones muy extrañas por el cuerpo, también por la mente. Pensaba en mi padre y volvía a pensar. No se me quitaba de la cabeza. Tampoco quería. Y las lágrimas salieron.

—¿Por qué en su padre..?

—Porque ya no está conmigo. Pienso en él todos los días. Era mi referente y se marchó cuando nadie lo esperaba. Me enseñó muchas cosas. Cada día intento levantarme y ser un poco él en la vida. Me dijo que no me rindiera nunca, que fuera humilde y que respetara siempre a los demás.

—¿A qué se dedicaba su padre?

—Fue boxeador. Y era policía del Grupo de Operaciones Especiales (GOE). Se llamaba, bueno, se llama Alberto Pimparel.

—Como usted.

—Sí.

—Y de hijo a padre. ¿Vio Gonçalo el partido?

—Estaba viendo todo el partido pero se puso tan nervioso que la madre le tuvo que decir que había que parar, que se tenía que dormir. Es muy chico todavía. Y estaba sufriendo mucho. Eso no es bueno para mi niño. En los penaltis no sé qué le hubiera pasado. Eso sí, a las 07:30 de la mañana ya me estaba llamando. ¿Sabe lo que me dijo? ¡Uff! Que quería agradecerme que fuera su padre. Me quedé callado. Mudo. Le dije que esa frase no era de un niño de cinco años; es que me dejó flipado. Tiene mucha madurez. Y claro, escuchas a tu hijo, cuando no lo tienes al lado en esos momentos, decirte eso y se te caen todas las defensas.

—¿Pasa por el momento más feliz de su vida?

—Estoy en un momento muy bueno, sí. Y quiero aprovecharlo al máximo. Ahora, una semana después de la final y cuando empiezas a asimilar todo lo que ha ocurrido, sigo sintiendo una felicidad enorme.

—Hábleme de alguna imagen.

—Esto es curioso porque no me di cuenta hasta que la vi por la televisión. Es cuando tengo la Copa y miro al cielo. En Portugal subtitularon lo que dije.

—¿Qué dijo?

—Esta Copa es para ti.

—¿Se ha quitado un peso de encima?

—No, no. De verdad que no. Quería homenajear a mi padre y me salió así. Fue un acto reflejo.

—¿También fueron actos reflejos las paradas en los penaltis?

—Es verdad que justo antes de que empezaran los penaltis se me acercaron varios compañeros y me dijeron que era mi momento, que iba a ser mi día y que íbamos a ser campeones. Yo estaba súper tranquilo. Me sorprendí a mí mismo. Llegué con confianza. Y al mirar hacia el punto de penalti agradecí a Dios y a mi padre poder vivir ese momento.

—¿Qué pensó?

—Que fuera lo que ellos quisieran.

—¿Cuántos penaltis del Benfica vio tirar antes de ese encuentro?

—¡Uff! Javi García, que es el entrenador de porteros, me puso todos los que tiró el Benfica en los dos últimos años. Pero también teníamos en cuenta que los futbolistas rivales me habían estudiado a mí. Por lo que  también hubo una historia mental, algo excepcional, una relación algo misteriosa.

—Para relación, la que el equipo ha tenido con la afición, ¿verdad?

—Sólo puedo dar las gracias. Se pueden decir muchas cosas. Pero lo que me sale es darle las gracias.

—La última cuestión que me sale a mí es preguntarle dónde ha puesto las medalla?

–(Se ríe) ¿Ya se lo había dicho? Tengo dos estatuas en la entrada, dos budas, que los llamo Biris. Les colgué la medalla a ellos.

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Redactor de Deportes en Diario ABC de Sevilla
Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Doctor en Comunicación (Univ. Loyola Andalucía). ABP (SFC TV). Canario en Sevilla
@Arrucitagrande 21.30 - 1 hora ago