«Jugad en el Camp Nou como si fuese en la plaza del pueblo»

Por  5:00 h.

«Vamos a darlo todo, como siempre, pero recordad que este es un encuentro para disfrutar». Fueron, más o menos, las palabras de Joaquín Caparrós en el inmenso vestuario del Camp Nou. Pasaban apenas unos minutos de las ocho de la noche. Hacía frío. Domingo, 15 de diciembre de 2002, y los pupilos del utrerano miraban de un lado a otro. Venían de perder por cero a uno ante la Real Sociedad en Nervión y el equipo parecía desahuciado. Al menos, la clasificación así lo decía: en puesto de descenso, con once puntos y tras haber sido capaz de ganar sólo dos encuentros.
El túnel de vestuario se hizo eterno para los sevillistas. Primero bajaron una escalera (con algo más de 15 peldaños) y escucharon el rugir de una afición deseosa de ver resurgir a un Barcelona que no pasaba, precisamente, por su mejor momento. Allí los blancos permanecieron por espacio de unos segundos. Faltaba el último suspiro para pisar el césped del estadio barcelonista. Se desearon suerte, se abrazaron unos con otros y comenzaron a subir —esta vez la escalera era hacia arriba— los nueve peldaños que le llevarían a la gloria.
El Sevilla ganó prodigiosamente el encuentro por un resultado abultado (0-3) y en la retina de los aficionados al fútbol quedó la imagen de un descorazonado Joan Gaspart al término del duelo aguantando desde el palco el chaparrón. Han pasado nueve años de ello y el equipo blanco se presentará este sábado con la firme intención de intentar doblegar de nuevo a los culés en su estadio en la Liga (ya lo hizo en la Copa en la temporada 2009-10) y poder vivir las sensaciones que unos «privilegiados» ya experimentaron.
Uno de ellos es el actual entrenador del Mallorca, Joaquín Caparrós, que reconoció haberle sorprendido la actitud de sus jugadores. «Fue increíble la ambición que mantuvo el equipo durante los noventa minutos . Marcamos pronto y, lejos de dar un paso atrás, estuvimos en todo momento intentando marcar el segundo. El ambiente estaba enrarecido en el Camp Nou y eso nos favoreció. Pero tampoco podemos esconder que nosotros estábamos en una situación delicada». El capitán, Pablo Alfaro, aún tiene grabada en su memoria una imagen. «Cuando acabó el partido parecía que estábamos en la Maestranza. Había miles de pañuelos. Estaba todo blanco. Parecía que nos estaban felicitando», recuerda con humor. También su compañero y amigo David Castedo se explica de forma parecida: «Me quedé viendo el marcador durante un tiempo. No me lo podía creer. Fue impresionante».
Otros futbolistas, como Torrado y Marcos Vales, reconocen que la victoria en el Camp Nou dio mucha confianza al equipo. «Llevaba un tiempo sin jugar y ese partido me lo devolvió todo: la confianza y muchas ganas de triunfar», sostiene el mexicano. El gallego, por su parte, habla de «racha positiva» a partir de ese encuentro. <CW-10>«Nos relanzó. Nunca me olvidaré de la galopada por la banda que acabó con gol de Toedlti». Antoñito, titular esa noche, desvela la consigna de Caparrós para ese duelo: «Nos dijo a Reyes y a mí que jugáramos como en la plaza del pueblo. Y así lo hicimos…»