Los futbolistas del Sevilla celebran el triunfo en el derbi jugado en Heliópolis (Foto: J. M. Serrano)
Los futbolistas del Sevilla celebran el triunfo en el derbi jugado en Heliópolis (Foto: J. M. Serrano)

El derbi, convertido en un Barcelona-Español

Un partido donde casi siempre gana el mismo y en el que a lo máximo que aspira el rival es a no salir goleado

Por  10:01 h.

Así de claro. Así de duro para unos y de satisfactorio para otros. El derbi sevillano se ha convertido en un Barcelona-Español, es decir, en un partido donde casi siempre gana el mismo y en el que a lo máximo que aspira el rival es a no salir goleado. Con alguna sorpresa aislada, sí, pero con un balance casi inmaculado para el Sevilla y desalentador para el Betis. Y eso ha provocado hasta que este tipo de encuentros hayan perdido bastantes de sus señas de identidad. Para los de Nervión, aunque significan más de lo que dicen públicamente para hacer daño psicológico al eterno rival, sí es cierto que han perdido relevancia. De hecho, sólo hay que ver la primera parte del sábado para apreciar que el equipo casi ni compitió. Ni rastro de esa garra característica, de esa motivación extra, pero la realidad es que no le hace falta, suma de tres en tres haciendo lo mínimo. Porque eso es lo que ocurrió en el Villamarín. Los de Sampaoli regalaron una parte entera, incluso se marcharon al descanso con desventaja en el marcador, pero en la segunda parte buscaron la victoria con el mínimo esfuerzo, hasta trotando, y la alegría se fue para Nervión. Nada que reprochar al Sevilla por ello, de hecho es lógico que parte de la motivación en los derbis haya desaparecido porque ahora sus retos son otros y, además, bastante importantes: luchar por LaLiga y hacer historia en la Liga de Campeones.

En el Betis, lógicamente, la situación es totalmente opuesta. El aficionado, ese que siempre está a pesar de los mil «guantazos» que recibe por parte de su equipo y sus dirigentes, está hastiado. Desanimado. Hundido. Temoroso. El bético afronta el derbi deseando que no haya demasiada sangre, que la derrota sea por la mínima. Sueña con ganar, claro, pero tanto varapalo le hace ser realista. Tanto que casi ni alza la voz por un gol en fuera de juego porque ve que la diferencia es tan grande que la derrota hubiera llegado de todos modos. Es triste pero es así, aunque no debería serlo. Y el problema es que no hay visos de cambio, por eso el sábado el Villamarín fue una tumba durante el segundo tiempo. El silencio fue más doloroso que cualquier grito en contra. Los que mandan desde hace años en el Betis se están cargando un sentimiento. Y también el derbi.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes en ABC de Sevilla
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RT @AFDLP: VÍDEO “Inteligencia, paciencia, tener el balón y dejar la portería a cero”, antes del Betis-Alavés https://t.co/raAiuc4JOM #Beti - 6 horas ago