Los campeones posan con la Copa
Los campeones posan con la Copa de la Europa League en Turín

El siglo XXI resucita al Sevilla grande

Sólo Barça, Madrid y Valencia le superan en España

Por  5:38 h.

El Sevilla vive la época más dorada de su extensa historia. Tras la épica noche en Turín, ya no hay dudas, si es que las había. El grandioso siglo XXI que está escribiendo la entidad nervionense deja en un segundo plano las excelentes décadas de los 30, 40 y 50 del pasado siglo, años en los que el Sevilla conquistó su única Liga, ganó tres Copas de España y debutó en Europa en la hoy denominada Liga de Campeones. Era uno de los grandes de España. Aquellos éxitos quedaron congelados en la memoria durante décadas de fango y mediocridad. Como si el Sevilla tuviera su Bela Guttmann particular, con maldición que no conoció antídoto hasta 2006. Fue entonces cuando la deriva del Sevilla cambió. Hizo clic. Aunque, para ser justos, el golpe de timón sucedió antes, cuando de la mano de Roberto Alés el club nervionense empezó a construir un futuro desde la base, en la Segunda División y sin dinero.

Reconstruir al Sevilla requirió tiempo, pero pronto cogió velocidad de crucero, imparable. Con la entrada del nuevo siglo (2001) retornó a la Primera, consolidó un proyecto deportivo con Caparrós y Monchi y viró definitivamente hacia la gloria con la llegada de José María del Nido. El ex presidente, desde la base de Alés, fue a por todas: enganchó a la afición recuperando su orgullo herido por décadas de hastío y mala publicidad, imprimió de ambiciosa exigencia las estructuras del Sánchez Pizjuán y convenció a la diosa Fortuna para que hiciera efectivos todos los deseos no concedidos durante medio siglo. Tal fue la fuerza que acumuló el Sevilla, desde la indisoluble unidad club-afición-equipo, que ni los dioses se resistieron, abriendo en Eindhoven las puertas de la gloria para que el sevillismo sediento saciara sus ansias tras una larguísima travesía por el desierto de la mediocridad. La explosión fue en Holanda, pero sus secuelas aparecieron por Mónaco, Glasgow, Madrid y Barcelona. El gran Sevilla, el que sólo recordaban las lenguas antiguas, había resucitado.

Grandeza recuperada

Para cualquier otro equipo no, pero para un club como el Sevilla, con una exigente, amplia y poderosa hinchada, pulular por la nada futbolística durante décadas era una pesadilla. El siglo XXI ha acabado con ello. El club hispalense es hoy de nuevo un grande de España. Con todas las letras. Sólo Barcelona (21) y Real Madrid (14) han conseguido más títulos en este tercer milenio que el Sevilla (7). Sólo Barcelona y Real Madrid, por poco, superan a los nervionenses las ediciones de la Copa del Rey de este siglo. Sólo Barcelona, Real Madrid y Valencia, éste por escaso margen, le superan en las Ligas del s.XXI. También estos tres son los únicos españoles que superan a los de Nervión en la clasificación mundial de clubes del presente siglo, en la que los sevillistas están asentados entre los 20 primeros (en lo que va de 2014 son séptimos, sin contar los réditos del triunfo conseguido en Turín). Sólo el mejor Barça de la historia (5) tiene más títulos en Europa en la última década que el Sevilla (4).

Si el orgullo del sevillista había revivido antes de 2006, tras tres títulos de Liga Europa, dos Copas más de España, una Súpercopa de Europa y otra de España, no se conoce la palabra adecuada para describir su estado actual. El prestigio adquirido por el Sevilla tiene vida por todo el mundo, no ya sólo en España. Y va más allá de nombres propios. Ha vuelto a triunfar sin Kanouté, Palop, Daniel Alves. Navas, Juande Ramos o Negredo. Ni siquiera está ya Del Nido, el gran motor del cambio en la entidad. De hecho, el equipo que ha vuelto a tocar el cielo en el Juventus Stadium es un Sevilla en plena formación, diseñado para dar muchas alegrías a la afición en años venideros. El título conquistado en Turín ha cogido a todos por sorpresa. Desde el mismo verano, a la reforma llevada a cabo por Monchi se le etiquetó de acertada y oportuna. Un proyecto a tres años, se vendió desde el club. Beto, Rakitic, Mbia y los papeles en regla (otra de las parcelas que marcha con éxito en Nervión), han destrozado los pronósticos. Tras dos años desnortado y noveno, el Sevilla se ha reconstruido. El Sevilla grande permanece vivo, parece que no es pasajero y ha conseguido que su particular desierto de mediocridad sea ahora estar una temporada sin jugar en Europa y acabar dos años seguidos en la mitad de la tabla. He ahí la idiosincrasia del Sevilla. Tras una gran borrachera de títulos (cinco copas levantadas en 15 meses), el sevillista sacó su furia protestona por el batacazo ante el Fenerbahçe en la Champions, se irritó tras repetir gatillazo frente al CSKA Moscú e incluso se permitió el lujo de abroncar a sus jugadores tras clasificarse en Getafe para una final de la Copa. Torneo que ganaría a la postre, por supuesto.

Y es que este nuevo Sevilla grande ha jugado ocho finales y ha ganado siete. Sólo cayó tras enterrar a «uno de los nuestros», como dicen en Nervión. Ni siquiera el cambio de ubicación de Antonio Puerta, del césped al tercer anillo, ha podido con el ímpetu del sevillista, quien ya sabía que su equipo era el mejor del mundo mucho antes de que la IFFHS lo coronara durante dos años consecutivos. El sevillista lo sabía cuando se echó a la calle en 1995, cuando recordaba entre amigos los mayores éxitos vistos por sus ojos: haber remontado al PAOK, el gol de Súker en Atenas, el jugueteo de Maradona con una bola de papel o un derbi cualquiera. Ahora se lo dicen por cualquier rincón: el Sevilla vuelve a ser un grande. Ya lo proclamó a los cuatro vientos de Europa su orgullosa hinchada en Turín: «Hemos vuelto». Así sea.