Españolizando desde la factoría de Utrera

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Luna es uno de los últimos descubrimientos de la cantera sevillistaEl Sevilla de los títulos, con fecha de ensamblaje en 2005 y actualizaciones periódicas cada temporada con la llegada del estío, contradice desde la solidez traducida en resultados de su modelo de crecimiento sostenible uno de los tópicos elevados a la categoría de cliché que suele emplearse como argumentación cuando vienen mal dadas. El vestuario sevillista, un crisol de nacionalidades desde que Monchi y su nutrido grupo de colaboradores mirasen más allá de las fronteras de la piel de toro para reforzar el equipo, dista de ser una torre de Babel, expresión normalmente prejuiciosa y cargada de connotaciones negativas en otras etapas del histórico club de Nervión que la vitrina cargada de títulos ha reventado.

Ha crecido el Sevilla en los últimos tiempos, mucho, y lo ha hecho desde la elevación del índice de presencia extranjera en su vestuario, rasgo esencial de su elogiada política de contrataciones que avala por supuesto la hoja de servicios del equipo al final de cada temporada y se justifica también, como se ha esgrimido en numerosas ocasiones desde el seno de la entidad, por la alta cotización del jugador español, a menudo fuera de los límites económicos del club.

Caso reciente, paradigmático incluso, es el de Borja Valero, cuyo fichaje ha tasado en la mitad de lo estipulado por el equipo propietario de sus derechos, el West Bromwich Albion, que pide ocho millones. De ahí que Del Nido, por la sustancial diferencia entre la oferta sevillista y el precio de partida del club inglés, declinara por ahora la posibilidad de emprender esta contratación, aunque suele aducir el presidente que en fútbol hay que ir con cautela y es tan largo este verano de crisis en todos los terrenos que se prevé que no sea éste el último capítulo con el mediocentro de principal reclamo.

Sea como fuere, el deseo de españolizar el equipo está ahí, y el Sevilla siempre dispone para ello de una alternativa que nunca falla y siempre da resultados: la factoría de Utrera. La temporada ha dejado varias pruebas. Necesitó Álvarez un defensa para la derecha y buscando en el filial encontró a Cala, que le resolvió la papeleta en los dos costados, el eje de la zaga e incluso le sacó punta a su desconocida faceta goleadora; requirió de los servicios de un zurdo específico y allí estaba Luna, presto para la llamada, al punto de que en Almería fue de los más destacados y no se destempló cuando el técnico echó mano de él para la final de Copa; y por último está Rodri, el chico de los goles imposibles, responsable de que el Sevilla facturase visado para la Liga de Campeones. Con ellos se cuenta para la pretemporada y es posible que se unan a la primera plantilla, compaginándola o no con el segundo equipo, para que esta añada de jóvenes talentos le dé así aún más sabor canterano al colectivo de nacionales, que este año se ha resumido en Palop, Navas, Capel, Fernando Navarro y Negredo, dado que Sergio Sánchez se perdió la temporada, Lolo apenas contó y Javi Varas siguió a la sombra gigantesca de Palop. No hay que olvidarse de Alfaro, que regresa de su cesión.

En las últimas temporadas ha fichado el Sevilla más de una treintena de jugadores (se incluye ahí a Dabo y Guarente) y sólo cinco de ellos (el 16 por ciento) han sido producto nacional. Son los casos de Palop, Cobeño, Fernando Navarro, Sergio Sánchez y Negredo. La dirección deportiva pretende ahora seguir con más atención el rastro del caladero de las ligas del Este de Europa, trabajo en el que se especializará, según se anunció ayer desde el club, Víctor Orta, encargado hasta ahora del minucioso seguimiento y análisis del mercado suramericano. Además, el departamento que dirige Monchi en calidad de subdirector general deportivo se refuerza con las incorporaciones de Juan Martagón y Miguel Ángel Gómez.

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