Hasta pronto, vieja amiga

Por  4:30 h.

Lance del último encuentro europeo del SevillaDice el refranero español que no hay mal que por bien no venga. Los más críticos con el Sevilla opinan que el hecho de que el club no tenga opciones de clasificarse para competición europea, a una sola jornada del final de Liga, beneficia a la larga la entidad. El fundamento básico de tal afirmación es que el hecho de haber logrado por novena vez consecutiva jugar en el viejo continente, sólo hubiera propiciado la autocomplacencia de la directiva, y no se habría afrontado una renovación en el primer equipo. Son formas de verlo, pero el inicio de la temporada ya estaba dando serias muestras de que algo no marchaba bien y que el proyecto iniciado con Marcelino no terminó nunca de arrancar.

Lo cierto es que pensar así sería imaginar que en el club de Nervión viven alejados de la realidad, que no son capaces de adelantarse a los acontecimientos, y que la capacidad de autoanálisis está poco desarrollada. Sin duda, las ocho temporadas consecutivas jugando competición europea, con seis títulos en las vitrinas inclusive, pueden llevar a un engrandecimiento de egos que retarde la visión de lo más que previsible. Y es que a nadie se le escapa que Del Nido, Monchi, y su junta directiva han forjado un club sólido, fuerte, y bien estructurado que ha competido con los grandes de la Liga española y de Europa de tú a tú. Pero también se han enrocado en una posición en la que no han visto, o no han querido ver, que el proyecto (o el manido ciclo) llegaba a su fin.
Con el paso de las temporadas, cuando el primer equipo no lograba la clasificación para la Liga de Campeones, desde la planta noble se aseguraba que clasificarse para jugar la Copa de la UEFA (ahora Liga Europa) no era un fracaso. Este año, viendo que el primer objetivo del año se esfumó pronto, ya empezaron a dejar claro que no disputar competición europea sería un fracaso para el club. Y el fracaso se consumó.

La pregunta es clara, ¿qué ha originado esta situación? ¿quiénes son los culpables? Recurriendo de nuevo al refranero, dicen que las victorias tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas. En este caso, al igual que el Consejo de Administración se puso las medallas, con justicia y merecimiento, cuando llegaron los títulos, ahora los fracasos tienen los mismos protagonistas.

Devaluación de la plantilla

El principal motivo de la decadencia progresiva del Sevilla hay que buscarlo en los principales protagonistas de este espectáculo. Una generación con Palop, Alves, Adriano, Escudé, Navas, Luis Fabiano y Kanouté, entre otros, es algo que se repite pocas veces en la vida. Sin embargo, el problema ha radicado en los que han ido cubriendo las ausencias de estos baluartes de aquel «Sevilla de los títulos». La dirección deportiva no ha acertado con los llamados a dar el relevo a estos protagonistas de un pasado glorioso. Atrás quedan errores graves por el precio de coste como Acosta, Chevantón, Romaric o Mosquera. Pero no todo es culpa de Monchi en este caso. El bajo rendimiento ofrecido por hombres como Rakitic, Coke o Reyes (a priori buenos futbolistas) o la poca implicación como la de Spahic, no entra en las capacidades de un director deportivo.

Baile de entrenadores

Gran parte de esa responsabilidad de sacar el máximo rendimiento de los futbolistas recae en la labor del entrenador. Y algunos han acertado más que otros en la labor.

El principal problema o herencia del Sevilla que llevó seis títulos a las vitrinas es la idea preconcebida que hay en el club de que el entrenador es una figura que no carece de tanta relevancia. Se renovó a Jiménez sin la confianza de ser el hombre de futuro del club. Antonio Álvarez comenzó un proyecto por lograr sumar una Copa del Rey y una clasificación para la previa de la Liga de Campeones en los últimos partidos, pero fue limpiado a las primeras de cambio. Partió sin confianza. Gregorio Manzano tampoco renovó siendo quinto en Liga, cuando esta temporada Míchel tenía muchas opciones (e incluso aún las conserva) de prolongar su vinculación sin que ni siquiera vaya a jugar la segunda competición europea de clubes.

A nadie se le escapa que el fútbol son resultados, pero la cuestión es si los mimbres que hay, a los que debe exprimir el técnico que los dirija, dan para pedir a este equipo más de lo que ha dado. Sin duda, por nombres, la respuesta es sí, pero el Zaragoza, el Betis o el Celta en su día tuvieron también nombres, y acabaron dando con sus huesos en segunda. Por este motivo, tal y como rezaba la pancarta del sábado en el Ramón Sánchez-Pizjuán, el club necesita hacer conciencia, autocrítica y renovarse por completo para afrontar una nueva temporada en la que, rememorando épocas pasadas, abonarse a soñar.

Sin dinero, cantera

El club se ha movido en las últimas campañas por presupuestos de equipos de Liga de Campeones, o previendo ingresos de Liga Europa, pero el batacazo ante el Hannover y la no disputa el próximo año de competición europea que aporte ingresos al club, va a propiciar que el Sevilla deba restringir mucho el gasto este verano.

El prototipo de fichaje será el de joven, de futuro y barato. Perfil como Rabello y Javi Hervás, aderezado con algún fichaje de más coste, para lo que habría que usar el dinero que se recaude por hombres que no van a contar el año que viene, o por algún jugador importante que deje dinero en la caja y alivie, de paso, el nivel salarial de la plantilla. En esta última terna entra la marcha de Kanouté, cuya ficha era de las más altas de la plantilla. Escudé y Palop son otros a los que el club podría intentar darles salida, aunque ambos tienen contrato en vigor.

Otro de los pilares para sostener esa regeneración de la plantilla es la cantera, que ha demostrado tener buenos mimbres como Luis Alberto, Jozabed, Alberto Moreno, Deivid o Campaña, pero que necesita de un entrenador que confíe en ellos y apueste por darles minutos. El perfil al que todo el mundo recurre es el que el domingo sonó en el estadio, Joaquín Caparrós. Sin embargo, Míchel, Del Nido, Monchi y el propio Caparrós, aún no han dicho su última palabra.