Juicio final: en Chicago también cuecen habas

Por  12:14 h.

Último día de estancia en Chicago. Cuando el lector lea estas líneas el periodista ya estará volando de vuelta a Sevilla. Y lo hará con la percepción de que en Estados Unidos todo cobra especial dimensión por su grandiosidad pero que, como dicen en nuestra tierra, «en todos sitios cuecen habas» y las de aquí no son muy distintas a las de otros países industrializados. Megaciudades con una parte rica, limpia, dinámica y otra sucia y dejada de la mano de Dios en la que la vida vale los centavos que cuesta una bala. Y en Chicago son muy pocos, tal como reflejan las páginas de sucesos locales de los periódicos

ImageJoe no tiene quien le oiga. Se avecina el fin del mundo y yo sin enterarme. No será porque el sujeto no haya insistido un día y otro también en advertírmelo, pero siempre me cogía en el lugar opuesto al que me encaminaba y no pude escucharle. Estoy en la Michigan Avenue, la calle más transitada de Chicago, con tiendas por doquier, japoneses que germinan en las losetas y unos cuantos bisbales -o vivales- en perpetua «operación triunfo». El amigo se llama Joe, va perfectamente trajeado y con corbata, se toca con una especie de salacot -sombrero de safari-, porta un cartel sujeto a un palo y megáfono en mano advierte al personal de que es mal día para pecar porque las trompetas del Juicio Final ya se hacen oír. Me detengo a escucharlo y me mira como si el loco fuera yo y no él. Casi se le saltan las lágrimas cuando le pido permiso para hacerle una foto, Para él, la última antes de la gran oscuridad.

ImageUn trocito de Shanghai en una plaza. Voy caminando por una zona residencial y se me acercan corriendo un par de niños con rasgos asiáticos que me dan un folleto. «Muchas gracias», me dicen. Me quedo con las ganas de preguntarles si se encontraron con Zapatero y le inspiraron la Educación para la Ciudadanía. Junto al agradecimiento, los pequeños me hacen un gesto para que doble la esquina y allí me encuentro a unas treinta personas haciendo esa gimnasia china tan particular que en Shanghai, hace un par de veranos, se contemplaba a cada paso. Movimientos que retan al tiempo, ojos cerrados y calma absoluta. Son las cuatro y media de la tarde, hace poco que comí y no estoy para mover otra cosa que los intestinos. Eso sí, me paro a hacer una foto y enseguida empiezo a tener amigos. Uno, con un monumental hatillo de llaves, porque es encargado de un local de recreativos, y otra una chica que anhela ser modelo seguramente, pero que gastaba una gorra/burka que la tapaba por completo.

ImageUn taxi con ventilador. Tocaba dirigirse al estadio de los White Sox para presenciar junto a los expedicionarios sevillistas un partido de béisbol del cuadro de Illinois y tomo un taxi. No tiene tubo de aire acondicionado y el calor que hace en su interior es tremendo. Se lo comento al taxista y éste saca de no sé donde un ventilador negro, que coloca hacia mí. Me cuido de comentarle que ahora lo que hace es mucho aire porque por su simpatía debía ser compañero de la camarera del bar de Capone.

ImageMercadillos pijos. Junto a horteradas monumentales, como los coches de caballos pintados enteramente de blanco, Chicago tiene también cosas hermosas. Como unos mercadillos que visité que tenían una pinta envidiable. Los géneros están expuestos en pequeñas carpas y se hace muy agradable fisgonear por ellos. Si los comparamos con los sevillanos hay que admitir que el continente no tiene nada que ver pero que en el contenido no faltan las mismas falsificaciones que nos encontramos en Sevilla Este o en Alcosa.

ImageZona azul. Como en Sevilla, en Chicago también hay zonas con zona azul, pero a diferencia de lo que ocurre en España, aquí todo son facilidades para los automovilistas. En lugar de un parquímetro para una calle entera, aquí hay uno por cada plaza de aparcamiento, de tal forma que estacionas, alargas la mano, echas la moneda y cumples con tu deber ciudadano sin tenerte que hacer los cien metros lisos. Además, para decir que uno no lo ha visto ha de presentar certificado de descendiente de Rompetechos.

Y eso fue todo. El año próximo no sé adónde viajará el Sevilla, aunque se rumorea que podría hacerlo a Suráfrica, donde tendrá lugar el próximo Campeonato del Mundo de fútbol. Si a Joe no le da por acertar un día de estos, allí estaremos.

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Redacción

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