Manzano: cómo no enderezar lo que ya empezó torcido

Por  5:00 h.

Sevilla: Gregorio Manzano, en la ciudad deportivaSi alguna casa de apuestas decidiera en estos momentos abrir juego en torno al inquilino del banquillo del Sevilla de la próxima temporada, el dividendo de Gregorio Manzano sería, si no el más alto, uno de los más elevados, muestra inequívoca de que a día de hoy son cada vez menos los que creen que este verano José María del Nido va a prolongar el contrato del técnico jiennense. Los rumores —contrastados— van por otros lados: Joaquín Caparrós y Marcelo Bielsa, como se puede leer en ABC de Sevilla.

Sin ser el único, el argumento de más peso que juega en contra de Manzano es que, salvo milagrosa remontada en las seis jornadas restantes para la conclusión del ejercicio 2010-2011, el Sevilla no va conseguir el objetivo de clasificarse para la próxima edición de la Liga de Campeones. En campañas anteriores, Del Nido demostró ser muy resultadista cuando tuvo que decidir la continuidad o no del entrenador de turno, como ocurrió en los dos últimos años con Manolo Jiménez y Antonio Álvarez, quienes se ganaron la permanencia en Nervión más por dejar al equipo entre los cuatro primeros clasificados que por haber convencido plenamente al presidente.

Nunca en la pomada

El Sevilla de esta temporada, en cambio, nunca se ha sentido equipo de Liga de Campeones, y cuando más cerca ha estado de engancharse al grupo cabecero de la clasificación de Primera división ha sentido una especie de vértigo que lo ha terminado relegando a la lucha por entrar en la Liga Europa. Curiosamente, ambos frenazos en sus aspiraciones comenzaron en los encuentros sucesivos ante Mallorca y Getafe. En la primera vuelta, el Sevilla, tras ganar en Zaragoza, se situaba a seis puntos de la cuarta plaza, y Manzano llegó a decir públicamente que si el equipo ganaba los tres siguientes encuentros daría el ansiado salto. Sin embargo, el conjunto nervionense encadenó cinco derrotas consecutivas —Mallorca, Getafe, Villarreal, Almería y Real Madrid— que lo descolgaron a la zona media de la tabla. Lo ocurrido en la segunda vuelta del Campeonato está mucho más fresco: tras vencer al Valencia y al Zaragoza, la ilusión renació y el propio Del Nido lanzó el desafío de ganar los ocho partidos restantes como única vía para dar caza al Villarreal. Sin embargo, los fiascos de las dos primeras estaciones —empate en Mallorca y desconcertante derrota en Getafe— han provocado que los sevillistas se hayan despertado del sueño mucho antes de lo esperado topándose con la realidad.

Los números sentencian que Manzano no ha mejorado a Antonio Álvarez, si bien es cierto que cuando llegó a Nervión, tras la derrota sevillista en Alicante en la quinta jornada, heredó un equipo muy perdido que no se había recuperado del varapalo que supuso la eliminación en la fase previa de la Liga de Campeones. La clasificación de las últimas 27 jornadas situaría al Sevilla de Manzano en una discreta séptima posición, período en el que, por encima de cualquier otra cosa, ha mostrado una preocupante fragilidad defensiva, como demuestran los 42 goles encajados —uno y medio por partido— por los 41 materializados.

Alineaciones raras

Sin embargo, lo que ha restado más crédito a Manzano han sido algunas sorprendentes decisiones tácticas que, normalmente, el equipo terminó pagando en el terreno de juego. Al margen de su habitual tardanza a la hora de mover el banquillo, el técnico pilló a contrapié a la multitud con una serie de alineaciones inesperadas y difíciles de encajar. Ya sorprendió en sus dos primeros partidos como sevillista, cuando lo que se dio a conocer como el «efecto Manzano» surtió efecto pese a alinear de inicio a Cigarini en Dortmund y, días más tarde, situar a Renato como pivote defensivo ante el Atlético de Madrid. Peor le fue cuando, en el Camp Nou, presentó un once demasiado atrevido —5-0 fue el resultado final— y, sobre todo, en las dos últimas jornadas ligueras, que han actuado de detonante definitivo: en Mallorca, le dio una camiseta de titular al siempre cuestionado Romaric, aunque a la media hora se arrepintió y lo cambió; en Getafe, ante un equipo angustiado que llevaba nueve jornadas sin ganar y se acercaba peligrosamente a los puestos de descenso, creyó conveniente formar una alineación con cinco defensas que seguramente influyó para que el Sevilla completara su peor partido de la temporada y tirara por la borda las escasas opciones que tenía de aspirar a participar en la próxima edición de la Liga de Campeones.

Responsabilidad compartida

Sería francamente injusto focalizar en Manzano toda la responsabilidad de lo que está ocurriendo en el Sevilla en los últimos meses. El paso de las jornadas ha evidenciado que la actual plantilla, aun pudiendo ser considerada como una de las seis mejores de España, no está a la altura de las que se han visto en años anteriores por el Sánchez-Pizjuán. Las limitaciones han sido especialmente trascendentales en la línea medular, en la que, hasta la llegada de Medel y Rakitic cuando el mercado invernal estaba cerca de expirar, la pareja de mediocentros tuvo que ser generalmente la formada por los cuestionados Zokora y Romaric, ya que las otras alternativas disponibles al puesto —Renato y Cigarini— no mejoraban sus prestaciones.

Tampoco ha jugado a favor del técnico —ni del equipo— la inoportuna lesión de Jesús Navas, quien, junto a Kanouté, es, sin duda, el jugador sevillista más determinante del momento. Con Manzano en el banquillo, entre lesión y lesión, el extremo internacional sólo ha diputado trece encuentros ligueros —7 triunfos, 3 empates y 3 derrotas—, sin que su nivel haya alcanzado la excelencia de las campañas precedentes.

Así las cosas, el futuro de Manzano se antoja más lejos que cerca del Sevilla. Ni siquiera tendría garantizada su continuidad en el hipotético caso de que firmara un excepcional y difícil pleno de victorias en la recta final de la campaña. De conseguirlo, el Sevilla se aseguraría la quinta plaza, un decoroso puesto en una temporada que comenzó torcida y en la que, en las otras dos competiciones, fue eliminado por el campeón —el Real Madrid en la Copa del Rey— y un vigente semifinalista —el Oporto en la Europa League—. Renovar a Manzano sin estar convencido sería cometer el mismo error que con Jiménez y Álvarez.