Con la muerte de Montes Cabeza se va el último discípulo de Sánchez-Pizjuán

Por  1:19 h.

Sevilla FC: Del Nido hace entrega a Montes Cabeza de su carnet con el número 1 de la entidad sevillistaEugenio Montes Cabeza, socio número 1 del Sevilla F. C. hasta su muerte acaecida ayer a los 92 años, siempre se declaró «pizjuanista» porque para él, como para todo el sevillismo, nadie como Don Ramón había regido el club. Fue bajo la presidencia de Sánchez-Pizjuán cuando Montes, sevillano nacido el 20 de agosto de 1915, entró a formar parte de la junta directiva sevillista y a él correspondió, entre otros honrosos encargos, organizar los actos conmemorativos del Cincuentenario fundacional de la entidad, en octubre de 1955.

Pasados casi 20 años, el 26 de enero de 1973 y en una asamblea en el teatro Cervantes que se recuerda como la del señorío sevillista, fue elegido para ocupar el sillón de Don Ramón en delicadísima etapa del club tanto económica como deportiva, con el equipo languideciendo en los avernos de Segunda. Llegó a la presidencia tras la dimisión de José Ramón Cisneros, irrevocable decisión adoptada en diciembre de 1972 tras una derrota por 0-1 en Nervión frente al Baracaldo la tarde en que Berruezo sufrió el primer aviso de un mal que acabó con él menos de un mes después en el campo Pasarón de Pontevedra. La tragedia tomaba así cuerpo en el Sevilla, un púgil sonado, sin «punch», y al que las contrariedades mantuvieron noqueado —¡aquella tarde de Linares en mayo de 1974 cuando se evitó la promoción a Tercera…!— hasta mayo de 1975, cuando se consiguió el ascenso a Primera de la mano de Roque Olsen al frente del equipo.
(Rival electoral en aquel episodio de febrero de 1973 pudo haber sido José María del Nido Borrego, directivo de Cisneros y padre del actual presidente, pero retiró su candidatura cuando supo de la decisión de Montes, a quien apoyó.)

De nuevo en Primera
El sufrido pero anhelado ascenso de 1975 coincidió con la terminación del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, inconcluso desde su inauguración en 1958, hace ahora medio siglo, un logro en el que junto a Montes es de justicia resaltar la labor de su entonces vicepresidente, Gabriel Rojas, quien precisamente sería su sustituto en la presidencia en mayo de 1984. Con Montes no sólo se remató el estadio sino que también fue reformado con vistas al Mundial 82, con unas obras que lo dotaron de la visera, el foso, la mejor iluminación en un estadio español, el mosaico de Santiago del Campo…

El mandato presidencial de Montes Cabeza, desde el primero hasta el último día, 7 de febrero de 1984, estuvo signado por el señorío que siempre caracterizó a un personaje irrepetible que fue directivo de la Federación Española y con quien las relaciones con el eterno rival fueron ejemplares; incluso el Sevilla, en los meses de septiembre y octubre de 1980, en plenas Bodas de Platino, llegó a ceder su estadio al Betis para la disputa de dos partidos de Liga por incapacitación del estadio Villamarín, en obras de reformas para el Mundial 82.
El equipo, por su parte, logró consolidarse en la Primera y logró clasificarse en dos temporadas seguidas —1981-82 y 1982-83— para la Copa de la UEFA, destacando especialmente la primera, en la que llegó hasta los octavos de final. Montes contrató como técnicos, entre otros, a Ernst Happel, Olsen, Carriega y Miguel Muñoz, y confió en Manuel Cardo para dar el salto del Sevilla Atlético al primer equipo en diciembre de 1981. Entre los futbolistas que fichó destacaron Rubio, Scotta, Juan Carlos, Bertoni, Pintiño…, en tiempos económicamente duros en los que la cantera —Álvarez, Francisco, Nimo, Serna, Ruda…— fue recurso utilísimo.

Tras Sánchez-Pizjuán, que lo fue en dos etapas, Montes Cabeza es quien más años, once, ha desempeñado hasta el momento la presidencia del club. Con su desaparición se va el último discípulo de Don Ramón y uno de los últimos románticos del fútbol, cuya ejecutoria estuvo iluminada por la caballerosidad. El calendario ha querido hacerle un guiño y para él su contrato con la vida expiró ayer, un 30 de junio…

Redacción

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