Evolución del Sánchez-Pizjuán en 40 años
Evolución del Sánchez-Pizjuán en 40 años

Nervión, 40 años después

En septiembre de 1975, el Sevilla F. C. terminó el graderío del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. Cuatro decenios después reforma y moderniza el recinto

Por  3:00 h.

En la catedral de Sevilla, grandioso sueño de un grupo de canónigos que a sí mismos se llamaron locos por promover su construcción, se tardó más de cien años en colocar la última piedra en la parte más alta del cimborrio y así dar simbólicamente por terminado el edificio. Fue a principios del siglo XVI. Hoy por hoy, todavía continúa inacabado el templo gótico más grande del mundo y el tercero de toda la Cristiandad. Por ello nada debe sorprender que también siga sin concluir el Gran Estadio de Nervión -muchos metros cuadrados por enlosar, mucho ladrillo visto…- casi 60 años después del inicio de las obras del no menos loco sueño que tuvo el presidente por antonomasia del Sevilla F. C., Ramón Sánchez-Pizjuán, que ni siquiera pudo ver la colocación de la primera piedra de esta catedral laica para un sevillismo que por iniciativa de un destacado socio, el impresor Julio González Cabañas, también concejal, acabó por rotular el recinto con el nombre del gran presidente. Una vez al año, como ocurrió el pasado viernes, desde la catedral laica de Nervión parte una peregrinación ordinaria hacia la catedral sagrada de Santa María de la Sede para impetrar en la Capilla Real la protección de la Virgen de los Reyes, Patrona de Sevilla y su Archidiócesis. En los últimos nueve años, la cuenta de las peregrinaciones extraordinarias en acción de gracias a la Patrona para ofrecerle copas sin borrachera casi se ha perdido de tanto como se ha ganado por campos de Europa y España.

Tras nueve años repletos de títulos nacionales e internacionales, el Sevilla proclama ahora en su publicidad institucional que comienza una nueva era. Un tiempo nuevo diría algún que otro político. Y para esa nueva época, esa nueva hora, ese nuevo momento, con renovada presencia en la Liga de Campeones, ganada la plaza meritoriamente tras alzarse el equipo en Varsovia con su cuarta Copa de la UEFA, el club ha querido «invertir en el socio», según palabras del presidente José Castro, simbolizándolo en la reforma y modernización del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, el recinto que muchos consideraron gafe porque, a diferencia de los anteriores campos, en él nunca se ganó nada hasta el año 2006, precisamente en la temporada del Centenario de 1905.

Septiembre de 1958

El sueño de Ramón Sánchez-Pizjuán en hormigón y cemento, el Nuevo Nervión, sustituto del Viejo, aquel campo cuyas costuras rompió muy pronto la creciente afición sevillista, fue proyectado por el arquitecto Manuel Muñoz Monasterio, el mismo del estadio Santiago Bernabéu. Levantado sobre terrenos en propiedad, fue inaugurado, aún sin terminar en la gradas altas de preferencia y de los goles norte y sur, el 7 de septiembre de 1958 con un amistoso entre el Sevilla y el Real Jaén que acabó con empate a tres. La construcción del nuevo campo costó al sevillismo «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», siguiendo la celebérrima frase de Winston Churchill, extraordinaria figura del siglo XX europeo que a finales de aquel mes de septiembre de 1958 visitó Sevilla junto al armador griego Aristoteles Onassis.
En 1959 quedó terminada la grada alta de preferencia y se dotó al recinto de moderna iluminación eléctrica, cuya inauguración se verificó el 7 de mayo de ese año en un amistoso frente al Bayern de Múnich (1-5). Pero la hucha no daba para más. Aquel tremendo esfuerzo constructivo dejó la tesorería bajo mínimos. Las lágrimas fueron vertidas años después en forma de descensos, causa lógica de la progresiva pérdida de potencial deportivo.

Habrían de pasar 17 años, hasta 1975, para que el sevillismo pudiera ver rematado el cerramiento de las gradas del estadio tal como fue diseñado y hoy conocemos. Durante ese largo período, el recinto mostró muñones llenos de moho en los pilares inconclusos de los goles no terminados, dando lugar a la zahiriente denominación de «las ruinas de Palmira», hoy en día de tristísima actualidad a causa del salvajismo y la barbarie islamista.

Para acabar con esta situación, y en función de los recursos disponibles por el club, en 1971 se llegó a plantear una solución intermedia por el entonces directivo Antonio Delgado Roig, prestigioso arquitecto sobradamente conocido en Sevilla por el legado que dejó junto a su inseparable Alberto Balbontín. Precisamente un nieto de este último, Santiago, exconsejero sevillista y arquitecto, es el responsable de toda la reforma que ahora se está acometiendo. La propuesta de Delgado Roig, quien llegara a ser socio número 1, consistió en dar una solución intermedia al proyecto original con un remate estético en la parte que se dejó sin construir en 1959, pero que no impedía acometer el proyecto original y al mismo tiempo el aforo se incrementaba en cinco mil espectadores.

En el verano de 1974 por fin, y tras salvarse el equipo en Linares de la promoción a Tercera en la última jornada tras una nefasta temporada, la junta directiva presidida por Eugenio Montes Cabeza no sólo trabajó, con Roque Olsen en la dirección técnica, en la construcción del conjunto que por fin lograra el ascenso, sino que acometió la empresa de dar cima a las obras de cerramiento del estadio. Para tal fin se constituyó una comisión integrada por el propio presidente; el alcalde, Juan Fernández Rodríguez y García del Busto; el director de ABC de Sevilla, Joaquín Carlos López Lozano; el presidente de Planeta y reconocido sevillista, José Manuel Lara Hernández; el arquitecto José Galnares Sagastizábal, el ingeniero Antonio Sánchez Rico; el vicepresidente del club y constructor, Gabriel Rojas, y el presidente de la Peña «Al Relente», Marcelino Escobar.

El presupuesto de la primera fase de obras se fijó en unos 60 millones de pesetas y para cubrirlo se pidió la colaboración del sevillismo, que llegó a aportar unos once millones. Las obras comenzaron a primeros de octubre de 1974, siendo su gran valedor Gabriel Rojas Fernández, quien diez años después, y tras unas elecciones a raíz de la dimisión de Montes Cabeza, alcanzaría la presidencia. Poco a poco, y a la vez que aquel equipo de los Paco, Lora, Sanjosé, Espárrago, Rubio, Plaza, Blanco, Jaén, Biri Biri… se hacía merecedor al ascenso, las obras -el club formalizó un crédito con la Delegación Nacional de Deportes- fueron creciendo hasta quedar rematadas.

Septiembre de 1975

El reencuentro del Sevilla con la Primera división se produjo el 6 de septiembre de 1975 con una victoria (3-0) frente al Las Palmas -el primer gol lo marcó Gallego tras su vuelta de Barcelona-, lo que proporcionó un efímero liderato. Ese día se inauguraron las obras del gol sur; un mes después, frente al Español (2-1), las del gol norte.

Desde 1975, el estadio fue sometido a mejoras -iluminación, vestuarios, visera, foso, mosaicos de preferencia y gol sur, drenaje, rebaje de la cota, palco de autoridades…- para ser sede de lujo no sólo del Sevilla, tetracampeón de la UEFA, sino también de la selección nacional absoluta -nunca perdió en Nervión, cuna del Jugador N.º 12, al que sacó de pila José Antonio Blázquez en ABC-, y de acontecimientos como el Mundial 82, la final de la Copa de Europa de 1986, el LXXV aniversario de la Federación Española…

Ahora, 40 años después del cerramiento y con la nueva era que se pregona institucionalmente, llega una profunda y ambiciosa reforma exterior e interior para modernizar y acomodar a estos tiempos -no se descarta la visera para cubrir toda la grada- un hermosísimo campo que es legítimo orgullo de la afición sevillista y que en adelante, pese al malhadado estreno del pasado domingo ante el Atlético (0-3), pretende serlo todavía más.