Pudo ganar en cuanto creyó que podía hacerlo

Por  21:00 h.

El Sevilla ha empatado esta noche ante el FC Barcelona logran un punto que sabe a victoria ante el mejor equipo del futbol mundial en la actualidad. Tras una primera parte en la que los pupilos de Manzano tuvieron demasiado respeto y fueron meros espectadores del juego azulgrana, un cambio de esquema en la reanudación y una fe en sus posibilidades hicieron que los de Nervión igualaran la contienda, e incluso merecieran la victoria. Bojan y Jesús Navas fueron los goleadores de la contienda.

Sevilla FC 1 Barcelona 1
1 – Sevilla FC
Javi Varas; Cáceres, Navarro, Fazio, Alexis; Medel, Zokora (Kanouté, min. 45), Rakitic, Navas, Capel (Perotti, min. 71); y Negredo (Romaric, min. 87).
1 – FC Barcelona
Valdés; Adriano (Maxwell, min. 75), Alves, Pique, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro (Bojan, min. 13), Villa (Keita, min. 85) y Messi.
Goles
0-1, min. 29, Bojan; 1-1, min. 49, Navas.
Árbitro
Pérez Lasa (C. Vasco) amonestó a Cáceres, Zokora, Medel, Fernando Navarro y Capel, por el Sevilla; y a Adriano y Xavi, por el Barcelona.
Incidencias
Lleno absoluto en el Ramón Sánchez Pizjuán. Noche fría y terreno de juego en perfectas condiciones a pesar de las lluvias caídas durante todo el día en la capital hispalense. Partido correspondiente a la 28ª Jornada de la Liga BBVA..

El choque arrancó con claras muestras de lo que iba a ser toda la primera mitad. El FC Barcelona dominaba de forma absoluta a los sevillistas, que se agolpaban en su línea defensiva contemplando el juego de toque de los de Guardiola. Pérez Lasa perdonaba a los locales anulándole un gol de falta de Messi por una falta en el área de Busquets que no parecía que existiera. Poco después Zokora reclamó un agarrón de un defensa azulgrana dentro del área que el colegiado obvio. Empate a errores nada más comenzar.

Tras unos minutos en los que el Sevilla parecía sacudirse un poco el agobio al que le tenía sometido el equipo azulgrana llegó el primer golpe de los líderes de la Liga española. Pase de Iniesta a la espalda de la defensa que coge Alves para darle el pase de la muerte a puerta vacía a Bojan que solo tiene que empujarla. Este Barcelona es imparable porque hasta los laterales entran en ataque por detrás de la defensa.

Sin embargo, parte de la culpa de lo que estaba ocurriendo la tenía el propio Sevilla. Demasiado atrás, debía sacudirse un poco la presión culé, tarea nada fácil. Pero con Capel y Navas más ocupados de defender que de atacar poco se puede hacer. A pesar del cambio táctico de Manzano, con más hombres en el centro del campo, faltaba lo básico, la presión y la intensidad necesarias para robarle la pelota al mejor equipo del mundo. Messi dio otros dos avisos antes del descanso, ante una grada que reclamaba más garra de los suyos.

Cambio de sistema en el descanso

Tras ver que su idea había naufragado en la primera mitad. Manzano decidió volver al 4-4-2 dando entrada a Kanouté en el campo y retirando a Zokora. Sin embargo, seguía errando dejando a Navas en la izquierda para tapar a Alves. Y de inmediato le funcionó el cambio. Negredo cazaba un buen pase interior de Rakitic para escorarse y sacarse un pase al área que remataba Navas de cabeza para empatar el partido. El partido cambió con una sustitución, pero sobre todo, con el convencimiento de ir al ataque, de no especular. Negredo perdonó incluso el segundo solo ante Valdés.

El Sevilla se había transformado por completo simplemente poniéndole carácter e intensidad al partido. Manzano introducía otro cambio, se marchaba Capel y daba entrada a Perotti. Navas volvía a su banda. El palaciego tuvo una buena ocasión pero Valdés despejó su disparo. El once sevillista estaba dominando a su rival en toda la segunda mitad y que dilapidaba ocasiones que podía echar de menos. Pocos equipos o ninguno en esta temporada le han dado el repaso que le estaba dando el Sevilla al Barcelona. El conjunto culé también dispuso de sus opciones, sobre todo en un disparo de Iniesta al larguero y otro que sacó Medel bajo palos. El pitido final puso fin a la ilusión de ganar un partido en el que los locales hicieron méritos cuando se creyeron de verdad que podía hacerlo.