Los jugadores del Sevilla celebran uno de los goles ante el Betis en 2013
Los jugadores del Sevilla celebran uno de los goles ante el Betis en 2013

Rescatad nuestro honor

Tienen miedo a ganar. Les tiemblan las canillas. Les

Por  9:39 h.

LA deshonra no la lava el jabón. Te tizna la cara y no se va del rostro de tu alma por mucho que te empeñes en ocultarla. Es como un estigma. Como una mancha. Como una lepra. Persigue tu fama para profanarla y te convierte en un maldito. Hay borrachos tirados por las esquinas de los olvidos con más dignidad que un tipo al que le pintaron la cara y lo mandaron a la pocilga de los deshonrados. A nosotros, a los sevillistas, el jueves pasado nos robaron en nuestra casa la honra. El honor. El cetro de nuestra fama. Nos hicieron comernos dos platos de verdina en una noche tristísima para Nervión. Así que hoy, jugadores, haced acopio de fe, valor, coraje y casta. Y marchad al otro lado de la ciudad. Id, haced vuestro trabajo y rescatad la honra. Id, haced vuestro trabajo y traed bajo el brazo el balón de la victoria como si fuera la misma cabeza de Holofernes. Todo lo demás no nos sirve.

 

La V y la VI fueron las legiones malditas de Roma. Habían caído de manera humillante en Cannae ante Anibal, que no solo las caneó, sino que las humilló en la batalla de forma tan cruel que la República envió a los supervivientes a los campos yermos de Sicilia. Como apestados. Allí los soldados que huyeron ante los elefantes del cartaginés se alimentaron de raíces y del pillaje. Cayendo en la abyección moral de los derrotados y olvidados. Solo un general joven como Escipión les supo devolver la honra perdida, la fama humillada y la gloria que les esperaba como conquistadores de Cartago. Nuestro equipo necesita ir a La Palmera como dicen que fueron las legiones malditas de Roma al norte de África en busca de las banderas abatidas, de los anillos consulares que el Barca rebañó de los dedos de los generales romanos y del honor de cada soldado que fue degradado a la miseria que siempre habita en la cobardía. Así que serigrafiaros este artículo en vuestros corazones, escuchad vuestro himno y haced cierto lo que canta El Arrebato: somos el equipo que nunca se rinde. Patton, que era un militar fiero y rudo, llamaba hijos de perra a sus solados para motivarlos. Y antes de entrar en combate contra los alemanes del III Reich les dijo que fueran a la batalla a hacer algo grande para que, treinta años después, con sus nietos sobre las rodillas al calor del fuego, pudieran contarles que durante la segunda guerra mundial estuvieron luchando en Europa y no transportando estiércol en alguna granja de Lousiana. El estiércol hay que dejarlo en casa de aquellos que el jueves nos lo regalaron en un verdeo humillante y deshonroso para nuestro escudo. Lo repito: id, haced bien vuestro trabajo y regresad a casa con el balón de la victoria bajo el brazo. Y ese estiércol devolverlo para que abone su amargura.

 

Enfrente vais a tener a un equipo con el gotero puesto y que lleva en sus ojos el aturdimiento del final. Desconfiad de los soldados heridos que no sueltan su espada. Como los escorpiones suelen morir matando. Además lo arroparán sevillanos con gargantas de lobos y lealtades de acero que no logran romper las derrotas. Respetad a esas voces más que a su equipo que desde el pasado jueves no es capaz de soportar la responsabilidad de la victoria. Tienen miedo a ganar. Les tiemblan las canillas. Les sudan las manos. Sueñan con relojes parados. Saben que vamos hasta su casa a buscar el botín que nos pertenece: honor, honra y victoria. El general Leónidas, antes de enfrentarse con 300 espartanos al colosal ejército de Jerjes, les dijo a sus guerreros: desayunad bien porque esta noche cenaremos en el infierno. Yo estoy seguro que los nuestros cenarán en la gloria del Pizjuán con las banderas rescatadas, el honor intacto y con el balón de la victoria bajo el brazo, como aquella cabeza de Holofernes… Y será entonces que Nervión brillará de forma tan intensa que hasta el cielo de Sevilla nos tendrá envidia.