Ciento ochenta y cuatro días sin el 16

Por  14:15 h.

Sevilla FC: Antonio Puerta, momentos después de marcar el gol que le cambió la vida al sevillismoPor su interés y calidad reproducimos íntegramente el artículo que nuestro compañero de ABC de Sevilla Francisco Pérez firma en las páginas de su periódico con motivo de los seis primeros meses desde la triste desaparición de Antonio Puerta. Muchas cosas han cambiado desde que la zurda de diamantes, el orgullo de Nervión, cayó fulminado en el Ramón Sánchez-Pizjuán y perdió la vida en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Las jornadas después del trágico suceso, los aficionados, de ambos equipos de la ciudad, improvisaron un emotivo homenaje.

Si Antonio Puerta despertara de su sueño profundo, seis meses después de que a todos se nos tornara pesadilla aquel 28 de agosto de 2007, abriría mucho los ojos y comprobaría con esa capacidad de asombro de quien llegó a hombre sin dejar de ser niño, cuánto había cambiado todo a su alrededor en apenas ciento ochenta y cuatro días. Ese torbellino de emociones que lo embargaría y que tendría su centro físico en el pequeño Aitor, su hijo, el hijo de Mar, su compañera, se extendería al que fue su mundo profesional y cómo no a un Sevilla de Champions que él, recién renovados los votos de fidelidad, había ayudado a levantar.

Seguro que, tan vehemente como era, exclamaría cualquier 'boutade' al saber que Juande Ramos ya no estaba en el banquillo. Tardaría en lamentarlo el tiempo en que le dijeran que alegrara la cara, que quien está ahora es Manolo Jiménez, su tutor en el filial, cocinero y fraile en un costado izquierdo de la zaga donde le hubiera gustado inmortalizarlo. Más le apenaría el «hasta luego» de Martí, buena gente, que allá en Donosti, donde su fútbol se funde con el Cantábrico, sigue firmando autógrafos con la estela de A.P. 16, para que nadie olvide a quien fue su compañero. Menudas sorpresas, ¡eh!, como ver a Adriano,que le tenía a la sombra, recogiendo el testigo de su discurso: «Quiero ser el lateral zurdo del Sevilla»; qué remedio, si el imberbe Capel amenaza con enviar a todos a los albañiles. Cuántas veces le había dicho al rubio que alzara la cabeza aunque sólo fuera para saber por dónde le iba a llegar la siguiente patada.

Le dirían, y no se lo creería viéndolo, que el suyo era un equipo en crisis. ¿En crisis, quinto y a dos puntos del cuarto, trece jornadas por delante y cuartofinalista de la Liga de Campeones? Y apostaría, vaya si apostaría, por verlo en Moscú, ojú que no está lejos, como buen e irredento optimista; como lo que fue, Vulcano en la fragua donde se forjó el mejor Sevilla de la historia.

Se le partiría el corazón otra vez, en fin, él que tan frágil y tierno lo tenía, viendo resbalar las palabras por las mejillas del Sánchez-Pizjuán, convertido en santuario para honrarlo.

Seis meses hace que nos dejó el 16. Se cumple hoy. Se siente todos los días. Silencio. Duerme.

Redacción

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