Rakitic consuela a Nolito tras el Sevilla-Barcelona jugado en el Sánchez-Pizjuán (Foto: J. J. Úbeda)
Rakitic consuela a Nolito tras el Sevilla-Barcelona jugado en el Sánchez-Pizjuán (Foto: J. J. Úbeda)

Sevilla-Barcelona: De la gesta histórica…a la amarga decepción

El cuadro rojiblanco, muy superior a su rival, tuvo en su mano golear al líder pero le volvió a lastrar la falta de pegada; Messi hizo el 2-2 en la recta final

Por  10:59 h.

Decían Vincenzo Montella y los jugadores a la conclusión del encuentro con el Barcelona que se marchaban a casa con un sabor amargo. Fueron benévolos entre ellos, tampoco era cuestión de hacer sangre, pero lo cierto es que pocos sevillistas se acostaron ayer con otra sensación que no fuera de decepción. Y no por hacer mal las cosas, sino por hacerlas demasiado bien y no servir para mucho. Para demasiado. Porque sí, moralmente es muy positivo tener al cuadro culé contras las cuerdas durante más de 80 minutos y tener la victoria a tiro de piedra, pero cuando esta se escapa a última hora después de haber podido, incluso, golear, es normal que nadie saque pecho. Más bien, que ocurra todo lo contrario, como también reconoció el técnico italiano en la sala de prensa: «Estamos todos muy enfadados». Y no era para menos, porque el Sevilla no supo amarrar una gesta, un partido que podría haber quedado para la historia. El 2-2, con Messi en plan salvador, será lo que se rescate en la portada de la mayoría de los medios, pero lo que verdaderamente pasó es que los de Nervión se pusieron 2-0 y tuvieron múltiples ocasiones para ir aumentando la ventaja en el marcador. Pero no fue así. Es más, si el encuentro de anoche hubiera terminado con un 5-0 o un 7-2 nadie se hubiera sorprendido, de hecho hubiera sido hasta lo más justo pero, cuando te falta pegada y perdonas a un rival como el Barcelona, te puede pasar lo que ocurrió al Sevilla, que terminas lamentándote. Como lectura positiva se puede sacar, siempre siendo conscientes de que Messi no saltó al césped hasta la hora de partido, el plan a llevar a cabo en la final de la Copa del Rey: presión alta, ritmo vertiginoso y robo del balón al dueño por excelencia del mismo. Pero, desgraciadamente, son más las lecturas negativas. La principal, que los sevillistas no terminan de levantar el vuelo en LaLiga y que, por tanto, siguen complicándose la vida para amarrar la posición europea. Tal es así que, de ganar hoy el Betis, le arrebataría la sexta posición y bajaría a la séptima, con varios equipos más acechándoles. Pero no menos importante son otros aspectos referentes a la resaca del duelo de anoche: el cansancio y el estado anímico. Los jugadores del Sevilla, en su mayoría, acabaron exhaustos y en sólo tres días tienen una cita histórica en la Liga de Campeones, encuentro al que llegarán con la decepción de no haber sabido sumar tres puntos que parecían ganados.

Pero ya habrá tiempo para pensar en el martes. Hoy, una vez que todos hagan autocrítica y también vean lo mucho bueno hecho ante el Barcelona, se activará el «modo Europa» pero, hasta entonces, toca hablar de lo de anoche. De ese Sevilla valiente, intenso y con peligro que le plantó más que cara a los de Ernesto Valverde. Porque el cuadro de Nervión dejó claro desde el principio que iba a por los tres puntos, que quería quitarse la espina de las dos últimas derrotas en LaLiga. Y el plan estaba claro: bloquear el estilo de juego de los culés. Con Messi en el banquillo por las molestias que viene arrastrando en los últimos días, Montella optó por reforzar el lado derecho del equipo para buscar un doble objetivo: hacer daño con Navas como extremo y neutralizar el juego por la banda de Jordi Alba.

La apuesta le salió perfecta al italiano, y pronto los nervionenses tuvieron el encuentro a su antojo. Controlaron la pelota, gracias a las rápidas recuperaciones, y fueron incomodando cada vez más al Barcelona, que no estuvo a gusto en ningún momento. Con el paso de los minutos las ocasiones fueron llegando. Correa, Muriel, Franco Vázquez… Todos pudieron abrir el marcador pero, como viene ocurriendo en esta temporada, al Sevilla le faltó pegada. Aun así, a diez minutos del final de la primera mitad se hizo justicia y el 1-0 subió al electrónico. Fue Franco Vázquez el que acertó a rematar un centro desde la izquierda de Correa. Faltaba un paso más. Y llegó nada más volver del descanso, momento que, por cierto, aprovechó Montella para sacar del campo a Mercado, a quien se le perdonó la expulsión, para dar entrada a Layún. El 2-0 subió al marcador en el minuto 49 gracias a Muriel, a pesar de que estuvo muy fallón durante toda la noche. Todo era alegría en el Ramón Sánchez-Pizjuán, que veía cómo los suyos seguían apretando para buscar la sentencia y, por qué no, hacer el máximo de sangre posible. El propio Muriel, en varias ocasiones, Navas, Franco Vázquez y hasta Layún pudieron ir aumentando la ventaja, pero ninguno acertó. Aun así, el Barcelona no estaba fino, pero a la hora de partido saltó Messi al césped y la sensación de peligro siempre existió. Y tanto. Con el partido loco de un área a otra, Luis Suárez cazó un balón en el minuto 87 y Messi cogió otro en el 88 para poner el 2-2 definitivo en el marcador. Se escapaban así dos puntos y la opción de cerrar una goleada histórica.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes en ABC de Sevilla
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