La buena suerte regatea a Acosta

Por  7:06 h.

Las cornadas de los futbolistas son las lesiones, agujero negro del que se conoce normalmente la fecha de entrada pero no la de salida, sobre todo cuando la dolencia adquiere casi el rango de perpetua, tal que fuere crónica sin serlo. De todo ello, del ostracismo obligado, de la mala suerte como eterna compañera de viaje, puede escribir una tesis Lautaro Acosta, el «Laucha», al que la semana pasada se le reventaron otra vez todos los pronósticos: «microrrotura fibrilar en el tercio medio recto anterior de la pierna derecha», rezaba el parte médico, que cifraba su completo restablecimiento en un periodo aproximado de cuatro semanas. «Sí, la verdad es que está teniendo mucha mala suerte, pero estoy seguro de que en el momento en que esté al cien por cien será un excelente jugador. Lo necesitaremos porque ayuda, corre, “mete”; es un profesional sensacional», resuelve Perotti, compañero y compatriota de la misma hornada (año 88), como se lee en ABC de Sevilla.

Se le supone a Acosta habilidad, velocidad y desequilibrio en recorridos cortos, incluso gol, pero todo lo apuntado, cualidades que deben aparecer en sus informes de seguimiento, ha de corroborarlo en esta temporada. Porque antes no ha podido, encadenando lesión tras lesión, sin poder librarse de un eterno esguince de tobillo que tiene su origen en un partido de Copa de la UEFA (23 de octubre de 2008, 2-0 ante el Stuttgart en el Pizjuán). En aquel choque comienza el particular martirio de Acosta.
Se calibró entonces un periodo en el dique seco comprendido entre las dos y las tres semanas, pero la realidad, mucho más cruda y desagradable, lo inhabilitó para tener minutos aquella campaña hasta el 1 de febrero de 2009, en el Molinón, en visita liguera al Sporting (1-0). Entremedias, más de tres meses, proliferaron las consultas a todo tipo de especialistas, porque a la que se recuperaba volvía a recaer. Se puso en manos de una eminencia en traumatología, el doctor Mikel Sánchez, de la Clínica USP La Esperanza de Vitoria; también del célebre doctor Van Dijk (lo hizo en compañía de Fazio) y angustiado por su situación, no dudó en plantarse en Argentina a la búsqueda de más opiniones, de la ayuda por la vía de un tratamiento innovador de los kinesiólogos Sergio Brozzi y Mariano Seara. Sánchez, por su parte, desestimó aún la operación de la articulación, la trató con ondas de choque y la revisó antes de que el jugador se fuera de vacaciones tras un año para el olvido.

Un momento muy feliz

Sólo tuvo continuidad en dos choques, el comentado del Molinón y el posterior, ante el Athletic en semifinales de Copa, que le devengó su momento de mayor felicidad con el Sevilla, el 2-1 en el minuto 92 que dejaba la eliminatoria en franquía previo a la debacle de San Mamés, donde ya no participó. Antes de la visita al Español (23 de febrero de 2009), sufrió una nueva lesión en el tobillo que no le afectó al ligamento, y ya sólo disputaría aquel curso minutos sueltos, pocos, para volver a las andadas el 13 de marzo y ser preso ya de la enfermería hasta la última jornada de Liga, de la que fue partícipe en Soria. Cambio de año, que no de tendencia. El tobillo siguió dándole la lata, siendo un quebradero de cabeza al que no se le encontraba solución. Fue miembro habitual de los partes médicos, baja de larga duración sin fecha de regreso (Sánchez le aplicó corticoides) hasta que se tomó la drástica determinación que se había estando evitando mediante la aplicación de otra tipología de tratamientos. Conclusión: era necesaria la cirugía. Aunque el 11 de noviembre de 2009 el doctor Mayol no puede llevar a cabo una embolización arterial, el 27 de ese mismo mes es Mikel Sánchez quien lo somete a una intervención «agresiva, descartada otra más sencilla», para resolver al fin el problema.

El esguince lo generó un edema óseo, pero éste se endureció y calcificó, de modo que le creció un hueso entre la tibia y el peroné, que están separados. Ahí radicaba la causa del dolor, el motivo por el que tuvo que jugar infiltrado antes del paso por quirófano, pero es que además una arteria de ese hueso impedía, en principio, la intervención, así que hubo que abrir el hueso. Del 26 de septiembre de 2009, último concurso del argentino, hasta su regreso a los terrenos de juego, el 24 de febrero de este año en Moscú, habían pasado cinco largos meses. Pero archivado ese turbulento episodio del tobillo, ya en perfecto estado de revista, llegaron otros.

En la visita al Español (derrota por 2-0) sufrió una elongación del bíceps femoral derecho (dos semanas parado) y ya, en el choque contra el Atlético de Madrid (3-1), se despidió de su segunda campaña en Nervión con una microrrotura fibrilar en los isquiotibiales. La suerte negada. Pero quien resiste vence. Y así ha de pensar Acosta. Porque en realidad, ni por las cornadas se escapa el valor del torero ni el cúmulo de lesiones lastran el talento del futbolista. Los buenos deseos son de su amigo Perotti: «Ojalá que triunfe aquí, se lo merece».