Dos equipos parejos sobre el papel que, en la realidad, marchan muy distanciados

Por  1:45 h.

Valencia y Sevilla arrancaron la temporada con aspiraciones muy similares —acabar entre los cuatro primeros clasificados en la Liga y hacer un buen papel tanto en la Copa del Rey como en Europa—, pero queda fuera de toda duda que, superado ya el ecuador del ejercicio, sólo los valencianistas lo están consiguiendo. Las trayectorias de uno y otro hablan por sí mismas, reflejando las diferencias que, a día de hoy, existen entre un proyecto consolidado con los años pese a la pérdida paulatina de sus futbolistas más desequilibrantes y otro que no ha sabido resetearse debidamente y que a duras penas trata de mantener el tipo y ocultar sus carencias. Los puntos (40 del Valencia por 29 del Sevilla) y el gráfico que dibujan los dos equipos en las primeras 23 jornadas de Liga son suficientemente elocuentes: el Valencia sólo ha estado cuatro jornadas fuera de su objetivo —lleva 13 siendo el tercero en la tabla—, mientras que el Sevilla sólo ha estado cuatro semanas en los puestos de Liga de Campeones, sin pasar de la cuarta posición.

En la Liga Europa, el Valencia acaba de certificar su pase a los octavos de final, ronda en la que se cruzará con el PSV Eindhoven y en la que también está el Hannover 96, el equipo que apeó al Sevilla en la ronda previa a la fase de grupos. Semejante contratiempo deportivo —hasta cierto punto se aprueba la excusa de que el conjunto alemán era un rival demasiado duro para tan temprana eliminatoria— no pudo ser enmendado por los sevillistas en la Copa, en la que, precisamente, fue eliminado por el Valencia en los octavos de final, que terminaría cayendo en semifinales frente al Barcelona. Por tanto, de momento no hay color: uno, el Valencia, está cumpliendo todos sus objetivos (tercero en la Liga, vivo en Europa y justificada eliminación copera); al otro, el Sevilla, sólo le queda la Liga para salvar una temporada que, cuando acabe, debe instar a una profunda reflexión.

Juan Morilla

Juan Morilla