Enriquecerse también pasa por las alternativas de la pizarra

Por  22:56 h.

Los debates se nutren de los resultados, cuyo extremismo todo lo condiciona —tan oportunista y nada racional es el fútbol—, y así como no había dudas de que, con la cantidad de variantes ofensivas de las que dispone en la panoplia Antonio Álvarez, el Sevilla debía distribuirse en torno a la ortodoxia del 4-4-2, cuando las derrotas han sido testigo del deambular del equipo en el infausto agosto ha creído apropiado el entrenador envidar con un sistema que refuerza la espina dorsal del equipo. Al menos para un partido. Nada se le puede criticar en este sentido al preparador: si un entrenador está para buscar soluciones, el sólido comportamiento del Sevilla ante el Levante, aunque alejado esté todavía de la mejor versión, avala su decisión, le da la razón, como se puede leer ABC de Sevilla.

En otro tiempo, con gente de músculo y mucha capacidad de recorrido en la sala de máquinas —véase el tándem Poulsen-Keita como referencia más paradigmática—, la constitución del centro del campo en torno a un doble pivote se creía ideal, de manual, casi obligada para un equipo que, entonces, disponía además del maratoniano Daniel Alves, capaz el solo de armar el juego ofensivo partiendo de un costado, y dos puñales más ida que de vuelta remando por las bandas: Navas y Capel. Pero sucede que la plantilla no es la misma aunque al tridente Luis Fabiano-Kanouté-Negredo haya que darle cuerda casi por imperativo y que Renato no tiene tanta presencia en el juego ni depósito para hacer la raya y los kilómetros que acumulaban el danés o el maliense, de modo que no estaría de más contemplar al menos la posibilidad, con vistas al futuro, de que este Sevilla, con los ingredientes que gestiona Álvarez en la actualidad, pueda desenvolverse de manera más óptima con un mediocampo más arropado, con Zokora en el vértice y dos interiores ofreciéndose para la salida, las coberturas y el tejido del fútbol, ya sea posicionándose en paralelo o de manera escalonada.

«Apuesta arriesgada»

Es posible que, estando Jiménez en el banquillo, se le hubiera criticado la disposición táctica adoptada por el marchenero en el choque del Ciudad de Valencia. «Fue una apuesta arriesgada», reconoció luego el técnico al tiempo que daba pie a la reflexión con sus palabras: «Para el rival que teníamos en frente creíamos que era lo mejor», dijo convencido, al cabo del 1-4, y tras dejar en el banco a Luis Fabiano y Kanouté. De la puesta en órbita de ese nuevo esquema, que es una novedad con matices ya que Jiménez utilizó mucho la fórmula de tres mediocampistas hace dos temporadas (la pareja en el doble mediocentro era la conformada por Romaric y Duscher, con Renato haciendo las funciones de enganche), el gran beneficiado es sin duda Cigarini, que ha llegado y besado el santo porque, pese a no tratarse de un centrocampista de mucho poderío físico, sí que tiene el ex de Atalanta y Nápoles una cualidad de la que anduvo el equipo anémico en las dos temporadas precedentes: visión periférica para dar el último pase y enriquecer el juego del equipo con fútbol por el centro, que no sólo de la distribución de espalda de Kanouté a los extremos puede vivir el ataque. Si ya esto último lo acompañara el italiano de una gran habilidad para la circulación del balón en vertical… De este cambio de ritmo necesario, pero no siempre con sentido ni en el momento más propicio, se ha ocupado hasta ahora Zokora, al que el posicionamiento del dúo Renato-Cigarini debe aliviarle de carga de trabajo, lo que redundaría a su vez, al guardar la posición el africano (o Guarente), en que ya no hubiera tanto espacio entre la pareja de centrales y la primera referencia por delante.

Se mejora así el balance defensivo, que fue pecaminoso en los choques ante el Braga y en el recital que firmó el Barcelona en el Camp Nou. En todos esos compromisos tuvo muchos problemas el equipo cuando perdía el balón porque se rompía en dos, principalmente por carecer de sostén en la medular. Descubierta ahora la existencia de otra alternativa (fallida, por cierto, en la primera parte de la ida de la Supercopa), habrá que estar atento a las próximas decisiones, porque si el bien del colectivo va por ese camino en más de un partido tendrá que saber negociar el técnico un asunto espinoso que es daño colateral al incluir tres medios: cómo prescindir de dos de los tres delanteros de primer nivel del plantel. He ahí el bendito problema del «Mariscal» Álvarez.