El escudo de Jiménez ya es otro

Por  21:01 h.

Por primera vez en su vida, Manolo Jiménez pisará esta noche el Sánchez-Pizjuán portando un escudo que no es el del Sevilla. Ahora, sus colores son los del Zaragoza, al que, con una gran osadía, se ha empeñado en mantener en Primera división pese al caos institucional en el que está sumido y al pobre legado que dejó Javier Aguirre. Atrás, en el pasado, quedan trece años como jugador del Sevilla, varios de los cuales siendo capitán; su encomiable trabajo en el filial, donde curtió a futbolistas que más tarde brillarían en la élite; y las dos temporadas y media que pasó como entrenador del primer equipo, en el que tuvo el difícil reto de mantener al conjunto de Nervión en las alturas que había alcanzado con Juande Ramos.

La alargada sombra de su antecesor, la exigencia siempre multiplicada que recae sobre un hombre de la casa y su manera de entender el fútbol provocaron que Jiménez nunca terminara de ganarse a todo el sevillismo. Tanto es así que, en realidad, fue el entrenador del Sevilla mientras los objetivos se cumplieron, si bien es cierto que ninguno de los que vinieron después demostró más que él. Si las vueltas de Joaquín Caparrós nunca pasaron desapercibidas, tampoco lo será este primer reecuentro de la afición sevillista con Jiménez, que, a buen seguro, recibirá las muestras de cariño que merece.

El problema es que Jiménez no va a poder sentarse en el banquillo visitante. El sábado, Turienzo Álvarez lo expulsó por protestar en el transcurso del Zaragoza-Barcelona y el Comité de Competición decidió castigarlo ayer con dos partidos de sanción después de que en el acta del encuentro quedara reflejado que el entrenador le dijo al árbitro: «Creo en un honrabilidad, pero eres un rencoroso».

Ésta, sin embargo, no será la primera vez que Jiménez se enfrente al Sevilla. Ya ocurrió en la temporada 97-98, cuando colgó las botas de forma definitiva en el Jaén, que militaba en Segunda división. Tan sólo disputó nueve partidos —lo dejó repentinamente por un problema de salud—, siendo uno de ellos una victoria por 1-0 sobre el Sevilla en el viejo estadio de La Victoria.

No será hoy tampoco el día que conozca a Míchel. Compañeros en la selección española que disputó el Mundial de Italia 90 y rivales tanto en el césped como en los banquillos, el último precedente en común de ambos data de la temporada pasada, antes de que Jiménez se marchara al AEK. El Getafe no andaba bien y la relación entre Míchel y su presidente, Ángel Torres, ya estaba deteriorada. Como posible sustituto sonó Jiménez, que, incluso, llegó a reunirse con Torres.

Aquello quedó en nada, aunque, según desveló el propio Míchel, Jiménez tuvo el detalle de telefonearlo para explicarle la situación. «Ese gesto le honra, pues son pocos los entrenadores que lo hacen», comentó el actual entrenador sevillista, quien destacó que Jiménez «hizo mucho por el Sevilla como jugador y como entrenador».