El mito agranda su leyenda

Por  19:42 h.

Sevilla: Frederic KanoutéEn el verano de 2005, cuando llegó a Nervión procedente del Tottenham Hotspurs a cambio de 6,5 millones, nadie podía imaginar que ese espigado delantero de casi dos metros llamado Frederic Kanouté se convertiría con el paso de los años, y con el permiso del legendario Juan Arza, en el mejor futbolista de la centenaria historia del Sevilla. El lunes, siete temporadas después, puede pasar a ser el futbolista extranjero que más veces haya vestido la elástica sevillista en partidos oficiales. Si Míchel le da minutos ante el Mallorca, habrá jugado 286 encuentros, uno más que Renato. Cerca ya de su adiós al Sánchez-Pizjuán, todavía se está a tiempo de disfrutar, aunque sólo sea en ratos sueltos, de este jugador diferente con aura de mito en activo.

Lo que son las cosas: Kanouté no era el preferido por Monchi, quien estaba completamente prendado del brasileño Fred. Éste prefirió marcharse al Olympique de Lyon y tanto el director deportivo como Juande Ramos, que tomaba el relevo de Joaquín Caparrós con la obligación no escrita de dar un salto de calidad en el equipo, se decantaron por Kanouté, quien se había ganado el respeto en la Premier League pese a no destacar como goleador, faceta en la que, curiosamente, también ha dejado escrito su nombre en el libro de los récords del Sevilla al ser el foráneo que más tantos ha marcado (135).

Ese francés que al principio daba la sensación de ir a su bola y que tardó más de tres meses en meter su primer gol en la Liga terminó siendo el icono más reluciente de esa generación de futbolistas que escribió las páginas más gloriosas de la historia del Sevilla. Por su definición, por su dominio del juego aéreo, por esa facilidad que tiene para bajar el balón y jugarlo con sus compañeros y por su inteligencia sobre el césped, no debió pasar demasiado tiempo para que el franco-malí se ganara el respeto del vestuario y de la grada, quienes vieron en él un gran referente al que encomendarse en las situaciones cruciales.

Y Kanouté nunca falló. Siempre estuvo ahí, en el sitio y el momento indicados, para ser determinante. Como sólo ocurre con los más grandes, fue especialmente decisivo en las finales que llenaron de magia el pasado reciente del Sevilla, hasta el punto de que marcó en las finales que culminaron con cinco de los seis títulos logrados en la pasada década.

En la primera final, la de Eindhoven, quizá la más especial, Kanouté hizo el 4-0 final cuando la mitad del Philips Arena ya estaba festejando la consecución de la primera Copa de la UEFA del Sevilla ante el Middlesbrough inglés. Pocos podían imaginar que no había hecho más que empezar un sueño que viviría un no menos memorable segundo capítulo en Mónaco, sede de la Supercopa de Europa, en la que el conjunto nervionense goleó por 3-0 al Barcelona de Frank Rijkaard, que poco antes se había proclamado campeón de Europa. Kanouté, peinando de espaldas de manera inverosímil un balón que volvía al área tras un córner, hizo el 2-0 antes del descanso.

Esa temporada, la 2006-2007, fue, sin duda, la más exitosa del Sevilla, que reeditó su dominio en la extinta Copa de la UEFA tras la dramática final de Glasgow contra el Español. Kanouté, tras un pase raso de Jesús Navas, marcó en la prórroga el 2-1 que parecía definitivo, aunque el gol del blanquiazul Jonatas forzó una tanda de penaltis en la que Palop se erigió en el héroe y Kanouté cumpió con su cometido marcando, con cierto suspense, el primer gol sevillista.

Más desequilibrante si cabe fue su aportación un mes después en la final de la Copa del Rey, cuyo trofeó alzó el Sevilla merced a su triunfo sobre el Getafe en el Santiago Bernabéu con un solitario tanto inicial de Kanouté, que resolvió con clase ante Luis García tras robarle el balón a un despistado Pulido. Ese título dio pie a la disputa de la Supercopa de España, que se resolvió del lado sevillista en el mismo recinto frente a un Real Madrid que sucumbió ante un Sevilla letal que se impuso en un encuentro espectacular por 3-5. Kanouté marcó tres goles. Su único hat trick como rojiblanco.

Todo tiene un final, y el de Kanouté como jugador del Sevilla está próximo. Será al final de esta temporda. Su delicado físico, ese lastre que casi siempre lo ha obligado a reservarse entresemana con tal de llegar fresco y en condiciones a los partidos, ya no le permite estar de manera regular al nivel que exige un club como el de Nervión. Por mucha calidad que un futbolista tenga, como es el caso, no compensa estropear innecesariamente su legado cuando llega el ocaso. Esa despedida ya pudo ocurrir el pasado verano. Ni el jugador ni el propio Sevilla veían con malos ojos su salida si llegaba una oferta que dejara satisfechas a ambas partes, pero las que hubo no convencieron del todo y Kanouté está acabando su contrato. No es el que era, porque los años no pasan el balde, pero es Kanouté, y su clase, aunque sólo haya sido en contadas ocasiones, ha salido a relucir con goles, pases o controles.

Su adiós simbolizará el final definitivo de una época difícilmente igualable que, por un u otro motivo, no halló continuidad cuando sus grandes artífices fueron marchándose. Se irá por la puerta grande. Y esa puerta siempre quedará abierta para él.